El régimen de La Habana dejó claro que no está dispuesto a ceder en lo esencial: su sistema político. Así lo afirmó el viceministro de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossío, en medio de crecientes versiones sobre posibles negociaciones con Estados Unidos.
“El sistema político cubano no es objeto de negociación”, aseguró el funcionario, descartando cualquier posibilidad de reformas impulsadas desde el exterior o condicionadas por un eventual acercamiento con Washington. También enfatizó que ni el gobernante Miguel Díaz-Canel ni otros cargos del régimen forman parte de discusión alguna.
Las declaraciones se producen en un contexto de especulación sobre contactos entre ambos países. Medios como The New York Times y el Miami Herald han señalado que desde Washington se estaría evaluando la posibilidad de cambios en la cúpula del poder en Cuba como parte de un eventual entendimiento. Sin embargo, estas versiones han sido negadas por autoridades estadounidenses.
Pese a su negativa a discutir transformaciones internas, La Habana insiste en mostrarse abierta al diálogo. De Cossío afirmó que el régimen mantiene disposición a conversar con Estados Unidos sobre temas de interés común, como el combate al narcotráfico o el crimen organizado.
No obstante, el discurso oficial vuelve a centrarse en culpar a Washington por la crisis bilateral. El viceministro calificó de “agresiva” la política estadounidense y denunció supuestas presiones económicas, mientras evitó referirse a los problemas estructurales internos que enfrenta la isla.
En paralelo, el presidente estadounidense Donald Trump ha elevado el tono en sus declaraciones sobre Cuba, llegando a afirmar recientemente que sería un “honor” intervenir en la isla. Estas palabras fueron respondidas por Díaz-Canel, quien aseguró que cualquier intento de intervención encontraría resistencia.
Sin embargo, más allá del intercambio retórico, lo cierto es que el régimen cubano mantiene una postura invariable: diálogo sí, pero sin cambios políticos. Para muchos analistas, esta posición refleja la intención de preservar el control absoluto del poder mientras se buscan alivios económicos o concesiones en el ámbito internacional.
Las recientes declaraciones también dejan al descubierto la contradicción habitual del discurso oficial: por un lado, reconoce contactos con Estados Unidos como vía para resolver tensiones; por otro, cierra la puerta a cualquier transformación que implique apertura política o democratización.
En un país marcado por la crisis económica, el descontento social y la emigración masiva, la negativa del régimen a discutir cambios estructurales refuerza la percepción de inmovilismo. Mientras tanto, el gobierno insiste en proteger su modelo, aun cuando las condiciones de vida de la población continúan deteriorándose.
Fuente: EFE
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