Tras más de un mes detenido por autoridades migratorias, el venezolano José Gregorio González fue liberado bajo libertad condicional humanitaria para continuar el proceso que podría convertirlo en donante de riñón para su hermano, quien padece una grave insuficiencia renal.
González fue detenido por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) el pasado 3 de marzo en Cicero, Illinois, donde residía junto a su hermano, José Alfredo Pacheco. La detención encendió las alarmas entre familiares, defensores de derechos humanos y organizaciones como el Proyecto Resurrección, que lideraron una intensa campaña para evitar su deportación.
La presión dio resultados: ICE suspendió la expulsión del país y otorgó a González un permiso humanitario temporal por un año, permitiéndole permanecer en Estados Unidos mientras continúa el proceso para una eventual donación de órgano. Según su abogado, Peter Meinecke, este tipo de resoluciones no son frecuentes. “Este caso demuestra que, aunque no común, la presión comunitaria puede lograr decisiones justas”, señaló en una rueda de prensa.
El reencuentro de los hermanos fue emotivo. “Estoy feliz de volver a estar con mi hermano”, dijo Pacheco visiblemente conmovido. “Nos hemos apoyado toda la vida y ahora que más lo necesito, él ha estado dispuesto a darme parte de sí para salvarme”.
Pacheco, de 37 años, llegó a EE.UU. en 2022 en busca de asilo y fue diagnosticado con insuficiencia renal terminal un año después. Requiere diálisis tres veces por semana y depende de un trasplante para sobrevivir. Al enterarse del diagnóstico, González, de 43 años, viajó desde Venezuela a finales de 2023 para ayudarlo.
Su ingreso al país no fue fácil. En un primer intento, fue rechazado en la frontera al no superar la entrevista de miedo creíble. En su segundo intento, accedió mediante una cita programada con la aplicación CBP One, pero fue detenido debido a una orden previa de deportación. Durante un tiempo, pudo permanecer bajo supervisión migratoria mientras se evaluaba su posible compatibilidad como donante.
La detención de González puso en pausa ese proceso y sumió a su hermano en un estado de agotamiento físico y emocional. “Desde que se lo llevaron, he tenido que enfrentar todo solo: el tratamiento, los traslados y el miedo de perderlo”, explicó Pacheco.
Más allá de lo personal, el caso ha servido como ejemplo de cómo las políticas migratorias pueden interferir en decisiones profundamente humanas. La intervención del congresista Jesús “Chuy” García fue clave: escribió una carta de apoyo y contactó varias veces a ICE.
Al ser liberado, González expresó su gratitud con la comunidad que se movilizó por su causa. “Nunca imaginé que tantas personas se unirían por mí”, dijo a través de un intérprete.
La próxima etapa será retomar las pruebas médicas para confirmar si los hermanos son compatibles para el trasplante. Si no lo son, podrían participar en un programa de “intercambio de riñones emparejados”, que conecta a donantes y receptores en cadenas que benefician a más de un paciente.
Según cifras oficiales, más de 90.000 personas esperan un trasplante de riñón en EE.UU., pero solo una fracción recibe el órgano a tiempo. José Gregorio González podría no solo salvar a su hermano, sino también a otra persona más.