Miguel Díaz-Canel, presidente designado de Cuba, ha sido protagonista de una serie de visitas a diferentes localidades del país, en las que su presencia se ha visto acompañada por un impresionante despliegue de seguridad.
Su reciente paso por Songo La Maya, un pequeño pueblo en la provincia de Santiago de Cuba, generó una ola de críticas debido a la cantidad de escoltas que lo rodeaban. Más de 15 agentes de seguridad lo acompañaron, dejando en evidencia una pregunta que resuena cada vez con mayor fuerza: ¿a qué le teme Díaz-Canel si, según él, su gobierno cuenta con el respaldo del pueblo?
La escena en Songo La Maya no es un caso aislado, sino una constante en sus recorridos. Mientras el discurso oficial insiste en la popularidad del gobierno, las imágenes de Díaz-Canel rodeado de escoltas parecen contradecirlo. Su rápida visita, sin espacio para el diálogo genuino con la población, refuerza la percepción de un líder que teme el contacto directo con el pueblo. Llega, da su discurso y se va. No en un carro como los ciudadanos comunes, sino en un helicóptero, alejándose de la miseria y las carencias que afectan a la mayoría.
En un contexto de crisis energética y escasez de combustible, su uso de helicópteros y su acceso privilegiado a recursos contrastan con la realidad de los cubanos, quienes deben hacer largas colas para obtener gasolina o moverse en un transporte público colapsado.
Mientras el pueblo enfrenta apagones, el aparato estatal sigue funcionando para garantizar las comodidades de la dirigencia. Este abismo entre el poder y la ciudadanía es cada vez más evidente.
Songo La Maya no ha sido la única localidad donde el despliegue de seguridad ha generado críticas. En 2022, su visita a la ciudad de Holguín también desató molestias entre la población. En aquella ocasión, los habitantes se quejaron de que las autoridades locales habían "maquillado" la realidad, limpiando calles y abasteciendo temporalmente ciertos mercados para dar la impresión de una mejor situación de la que realmente viven a diario. Sin embargo, tras su partida, la ciudad volvió a la rutina de escasez y dificultades.
Otro episodio similar ocurrió en Ciego de Ávila, donde su visita provocó el cierre de varias vías y el despliegue de un operativo policial desproporcionado. Los residentes denunciaron que muchas de sus inquietudes fueron ignoradas y que la visita tuvo un carácter meramente propagandístico. Además, algunos testimonios aseguran que ciertas personas críticas con el gobierno fueron advertidas para evitar protestas o manifestaciones públicas durante su presencia.
En La Habana, Díaz-Canel también ha sido recibido con frialdad. Durante un recorrido por barrios en crisis, su seguridad personal mantuvo distancia entre él y la población. En varios videos que circularon en redes sociales, se podía ver a los ciudadanos observando con escepticismo su llegada, sin expresar el entusiasmo que se espera ver a los ciudadanos observando con escepticismo su llegada, sin expresar el entusiasmo que se espera de un líder "popular". Este patrón refuerza la percepción de que, lejos de ser una figura querida por el pueblo, Díaz-Canel es visto con desconfianza y descontento.
El blindaje de Díaz-Canel no solo es físico, sino también político. La estrategia del gobierno para enfrentar el creciente malestar social no es el diálogo, sino el aislamiento y la represión. Mientras el pueblo enfrenta día a día la precariedad, los dirigentes continúan disfrutando de sus privilegios, ajenos a la realidad de la mayoría. Cada visita del presidente se convierte en un reflejo de esa desconexión.
Si Díaz-Canel realmente confiara en el respaldo popular, no necesitaría trasladarse con más de 15 escoltas ni recurrir a operativos de seguridad dignos de un país en conflicto. La verdadera amenaza que enfrenta no proviene de un enemigo armado, sino de un pueblo cansado de promesas incumplidas y privaciones constantes. En lugar de acercarse a su gente, prefiere resguardarse tras una muralla de escoltas y discursos vacíos, temiendo lo que podría escuchar si se atreviera a escuchar de verdad.