Nuevamente el canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla pidió, como tantas veces antes, que se derogara la Ley de Ajuste Cubano, argumentando que los cubanos se van de Cuba por problemas económicos.
Lo que no dice este señor es que el gobierno cubano, con su política corrupta y asquerosa, no brinda ningún tipo de oportunidades ni a las nuevas ni a las viejas generaciones. La ruina de Cuba es culpa de individuos como él, quienes defienden un sistema fallido que solo genera miseria, represión y desesperanza.
Este ser totalmente despreciable no menciona que en Cuba hay cientos de presos políticos únicamente por pedir libertad y democracia. Tampoco dice que en Cuba se han fusilado personas inocentes que solo querían libertad, ni que en la Isla se violan todos los derechos fundamentales de sus ciudadanos.
En lugar de reconocer el desastre que es su país, culpa a otros, como si la responsabilidad de la dictadura comunista no recayera sobre sus propios hombros. No se cansa de repetir la misma narrativa desgastada y manipuladora con la que pretende justificar lo injustificable.
Bruno Rodríguez es un servil esbirro del castrismo, un vocero de la mentira, la injusticia y la opresión. Si es que se le puede llamar ser humano, este sujeto está usando a los cubanos que viajan a Cuba como una punta de lanza, argumentando que, después de obtener estatus en EE.UU., regresan al país a “disfrutar” de su patria.
La verdad, conocida por todos, es que la mayoría viaja porque dejan atrás a sus padres e hijos, no porque quieran apoyar a un régimen que los ha explotado, reprimido y empobrecido.
También hay otros descarados que viven de la necesidad del pueblo cubano, aprovechando la situación para beneficio propio. Miren cómo utilizan a sus hijos o a sus padres como rehenes para que sus viajes sirvan como arma política.
Es un círculo vicioso que el gobierno cubano fomenta para mantenerse en el poder a cualquier costo, sin importarle el sufrimiento del pueblo.
Aquí es donde les digo a esos cubanos ingenuos que dicen que “todo no es política”: piensen por un segundo. Cuando usted viaja a Cuba, piense que la dictadura más longeva y asesina de Occidente es Cuba, culpable de prácticamente la desgracia de todo un continente, gracias a Fidel Castro y sus discípulos.
Y Bruno Rodríguez es uno de los más leales defensores de ese régimen nefasto. Su discurso hipócrita es una ofensa para todos los que han sufrido a manos del castrismo, para todos los que han perdido familia, para todos los que han sido torturados y reprimidos simplemente por pensar distinto.
Es el rostro de la impunidad y el cinismo, la representación viva de un sistema fracasado que solo ha traído dolor, pobreza y desesperanza al pueblo cubano.