En medio de una de las peores crisis económicas y sociales que vive Cuba en décadas, el dictador Miguel Díaz-Canel volvió a culpar a Estados Unidos por la situación del país, sin reconocer el impacto de las políticas internas del régimen en el deterioro de la vida de los cubanos.
Durante una entrevista concedida al programa Meet the Press de NBC, Díaz-Canel insistió en responsabilizar a Washington por el colapso energético y económico, señalando las sanciones y restricciones como causa principal de la crisis. Sin embargo, evitó referirse a problemas estructurales como la ineficiencia del modelo estatal, la falta de reformas reales y el control absoluto del poder por parte del sistema comunista.
El mandatario también dejó claro que no contempla abandonar el poder, incluso en medio del creciente descontento popular. “Renunciar no forma parte de nuestro vocabulario”, afirmó, rechazando cualquier presión externa para un cambio político en la isla.
Lejos de mostrar apertura a transformaciones democráticas, Díaz-Canel reafirmó su intención de mantener intacto el sistema vigente, descartando elecciones multipartidistas o reformas profundas. Según declaró, cualquier cambio en Cuba dependerá exclusivamente del propio régimen y no de exigencias internacionales.
En un tono desafiante, el gobernante aseguró que el país está preparado para enfrentar incluso un escenario de conflicto. “Si tenemos que morir, moriremos”, dijo al referirse a una posible confrontación con Estados Unidos, insistiendo en la retórica de resistencia que ha caracterizado al discurso oficial durante décadas.
No obstante, la realidad en la isla contrasta con ese discurso. Millones de cubanos enfrentan apagones prolongados, escasez de alimentos y medicinas, y un deterioro constante de los servicios básicos, en un contexto donde el Estado mantiene un férreo control político y reprime las voces disidentes.
El gobernante también evitó comprometerse con la liberación de presos políticos, una de las principales demandas de la comunidad internacional y de organizaciones de derechos humanos. Activistas y opositores continúan encarcelados por motivos políticos, incluidos artistas y manifestantes de las protestas del 11 de julio de 2021.
Aunque Díaz-Canel dijo estar dispuesto a dialogar con Estados Unidos “sin condiciones”, su postura deja claro que ese eventual acercamiento no incluiría cambios en el sistema político ni concesiones en materia de derechos civiles.
Para muchos analistas y voces críticas, la entrevista en NBC no fue más que otro intento del régimen de proyectar una narrativa externa que responsabiliza a factores externos, mientras se evita reconocer la responsabilidad interna en el colapso económico y social del país.
A más de seis décadas del poder absoluto del aparato político instaurado tras la revolución, Cuba continúa atrapada en una crisis profunda, sin señales claras de reformas estructurales que permitan aliviar la situación de su población.
Fuente: The New York Times
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