La temporada de huracanes de 2026 en el Atlántico apunta a ser una de las más calmadas de la última década, según la actualización de junio del equipo de la Universidad Estatal de Colorado. El avance del fenómeno El Niño, con su influencia estabilizadora sobre la cuenca atlántica, reduce significativamente las condiciones favorables para la formación de ciclones, ofreciendo un panorama más optimista para las regiones habitualmente afectadas.
Las previsiones actualizadas para la temporada de huracanes de 2026 señalan un escenario notablemente más tranquilo de lo habitual en la cuenca atlántica. De acuerdo con el equipo de la Universidad Estatal de Colorado (CSU), uno de los principales referentes mundiales en pronósticos estacionales, la actividad ciclónica se situará por debajo de la media histórica debido a la consolidación de un episodio de El Niño.
Este fenómeno climático, caracterizado por el calentamiento de las aguas del Pacífico ecuatorial, está teniendo un impacto directo en la dinámica atmosférica global. En el Atlántico, El Niño suele incrementar la cizalladura del viento, un factor que dificulta la organización y el fortalecimiento de tormentas tropicales. Como resultado, las condiciones se vuelven menos propicias para la formación de huracanes intensos.
Según la actualización de junio, CSU estima la formación de unas 11 tormentas con nombre, 5 huracanes y 2 huracanes de gran intensidad (categoría 3 o superior). Estas cifras representan un descenso respecto a las proyecciones iniciales y se sitúan por debajo del promedio de los últimos 30 años, lo que refuerza la expectativa de una temporada menos activa.
Además, el índice de Energía Ciclónica Acumulada (ACE), que mide la duración e intensidad de los ciclones, podría ubicarse alrededor de un 40 % por debajo de la media histórica. Esto sugiere no solo menos tormentas, sino también sistemas potencialmente menos duraderos o menos intensos en su conjunto.
Otro elemento relevante es la reducción de la probabilidad de impactos mayores en tierra firme. En el caso de Estados Unidos, la posibilidad de que un huracán de categoría importante toque territorio desciende hasta el 23 %, una cifra inferior a la media registrada en el último siglo. Sin embargo, los expertos insisten en que estos promedios no eliminan el riesgo individual de cada evento.
Las proyecciones también indican que El Niño actual podría ser de tipo fuerte o muy fuerte durante el pico de la temporada, entre agosto y octubre, lo que reforzaría aún más la cizalladura del viento en el Atlántico tropical oriental.
A pesar del panorama favorable, los especialistas recuerdan que incluso una temporada menos activa puede generar impactos significativos si una sola tormenta alcanza zonas vulnerables. Por ello, la vigilancia meteorológica y la preparación ciudadana siguen siendo esenciales, independientemente de las previsiones generales.
Fuentes: CSU
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