La designación del senador por Florida, Marco Rubio, como secretario de Estado en el futuro gabinete de Donald Trump ha generado reacciones mixtas en América Latina, particularmente en Venezuela. Rubio, conocido por su postura crítica hacia los regímenes autoritarios en la región, será un actor clave en la política exterior de Estados Unidos durante el segundo mandato de Trump.
La oposición venezolana, encabezada por figuras como María Corina Machado, celebró la elección de Rubio. Machado expresó en redes sociales que su nombramiento es una "excelente noticia para América Latina" y que representa una oportunidad para fortalecer la lucha contra el autoritarismo en la región.
Por otro lado, el régimen de Nicolás Maduro mostró su rechazo. Diosdado Cabello, ministro del Interior, criticó duramente a Rubio, señalando que su trayectoria de "25 años atacando a Venezuela" lo convierte en un enemigo declarado de la revolución bolivariana. “Le traerá problemas hasta con las hermanitas de la caridad”, ironizó Cabello en sus declaraciones.
Rubio, como senador, ha sido una de las voces más críticas contra Maduro y sus aliados. Ha acusado al líder venezolano de ser un narcotraficante y ha calificado al régimen como una mafia que se beneficia del tráfico de drogas y la corrupción.
Rubio ha prometido una política exterior basada en “la paz a través de la fuerza”, alineándose con la línea dura que Trump adoptó en su primer mandato. Durante ese período, el expresidente implementó severas sanciones económicas contra el régimen venezolano y reconoció a Juan Guaidó como presidente interino, aunque sin éxito en su objetivo de provocar un cambio de gobierno.
Con Rubio al frente del Departamento de Estado, se anticipa una intensificación de las presiones contra el gobierno de Maduro, lo que podría incluir nuevas sanciones y una estrategia renovada para apoyar a la oposición venezolana.
Maduro, por su parte, ha declarado su intención de buscar un “nuevo comienzo” en las relaciones con Estados Unidos, rotas oficialmente en 2019 durante la primera presidencia de Trump. Sin embargo, el nombramiento de Rubio complica esa posibilidad, dado su historial de confrontación directa con el régimen chavista.
Las tensiones entre ambos países ya estaban en un punto crítico, y el regreso de Trump al poder, acompañado de figuras como Rubio, promete mantener la relación en un estado de enfrentamiento.
La elección de Rubio también envía un mensaje a otros gobiernos de la región. Su postura firme contra el autoritarismo podría influir en cómo Estados Unidos maneje sus relaciones con países como Cuba y Nicaragua, que también enfrentaron fuertes sanciones durante el primer mandato de Trump.
Mientras tanto, el gobierno de Maduro parece prepararse para una etapa de mayor presión internacional, mientras la oposición venezolana ve en esta designación una oportunidad para revitalizar su causa.
El nombramiento de Marco Rubio marca el inicio de una nueva etapa en la política exterior de Estados Unidos, con posibles repercusiones significativas para América Latina. El tiempo dirá si esta estrategia logra los objetivos que no se alcanzaron durante la primera administración Trump.
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