La entrada de empresas privadas al mercado de combustibles en Cuba marca un cambio histórico en un sector monopolizado durante décadas por el Estado. Sin embargo, lejos de aliviar la crisis energética, la medida llega acompañada de precios récord, contratos restrictivos y un impacto que amenaza con encarecer aún más el transporte, los alimentos y la vida cotidiana de millones de cubanos.
La venta de combustible en Cuba comenzó a experimentar un giro sin precedentes con la incorporación de empresas privadas a un mercado controlado históricamente por el Estado. Pero el debut del nuevo modelo no ha traído alivio para los consumidores. Por el contrario, los precios más altos y las nuevas restricciones de compra han encendido las alarmas entre conductores, transportistas y pequeños negocios.
Según constató la agencia EFE, varias empresas privadas iniciaron la comercialización de diésel y gasolina bajo un esquema diferente al de las tradicionales gasolineras estatales. Los clientes interesados deben acudir primero a oficinas comerciales para firmar contratos de compra, algunos con exigencias mínimas de hasta 500 litros de combustible.
Una vez formalizado el acuerdo, el comprador recibe autorización para abastecerse en estaciones específicas hasta agotar el volumen contratado. El proceso, además de burocrático, limita el acceso para la mayoría de los ciudadanos, especialmente en un país donde los salarios continúan pagándose mayoritariamente en pesos cubanos.
La diferencia más impactante está en los precios. Mientras las gasolineras estatales ya aplicaron fuertes aumentos esta semana, el sector privado comenzó vendiendo el litro de diésel entre 3 y 4 dólares, cifras prácticamente inaccesibles para buena parte de la población.
El ajuste coincide con la implementación oficial de precios flotantes en los servicentros estatales desde el 15 de mayo. Bajo este nuevo mecanismo, los valores dependen de los costos de importación, seguros, transporte y comportamiento del mercado internacional. Como resultado, combustibles que hasta hace días costaban poco más de un dólar duplicaron su valor de un día para otro.
La gasolina especial B94 pasó de 1.30 a 2 dólares por litro, mientras el diésel regular alcanzó también los 2 dólares. La gasolina súper especial B100 llegó a venderse a 2.60 dólares, marcando uno de los niveles más altos registrados en la isla.
El problema no se limita al costo directo para los conductores. Economistas y ciudadanos temen un efecto dominó inmediato sobre el transporte público y privado, los precios de los alimentos y el funcionamiento de las mipymes. En una economía ya golpeada por apagones, inflación y escasez, el encarecimiento del combustible amenaza con trasladarse rápidamente a todos los sectores.
Aunque la apertura parcial al sector privado representa un cambio importante en la política económica cubana, muchos consideran que la medida favorece principalmente a empresas con acceso a divisas y no a la población común.
Mientras tanto, las colas, la falta de disponibilidad y las estaciones vacías siguen formando parte del paisaje cotidiano en Cuba. Para millones de personas, el combustible continúa siendo un recurso escaso, difícil de conseguir y ahora mucho más caro.
Fuentes: EFE