Estados Unidos afronta una transformación histórica en su moneda: desde junio de 2026, los billetes de 100 dólares incluirán la firma del presidente Donald Trump, poniendo fin a una tradición de más de siglo y medio y desatando un intenso debate político y simbólico.
El dólar estadounidense, uno de los símbolos económicos más influyentes del planeta, está a punto de vivir un cambio sin precedentes. El Departamento del Tesoro ha anunciado que, a partir de junio de 2026, los billetes de 100 dólares comenzarán a circular con la firma del presidente en ejercicio, Donald Trump, una decisión que rompe con una práctica mantenida durante más de 165 años.
Hasta ahora, los billetes de Estados Unidos incluían las firmas del secretario del Tesoro y del tesorero, una tradición que se remonta al siglo XIX. Sin embargo, la nueva medida elimina la firma del tesorero para incorporar la del presidente, algo inédito en la historia del país y que marca un giro en la simbología institucional de la moneda.
Este cambio se enmarca dentro de las conmemoraciones por el 250 aniversario de la independencia estadounidense y, según las autoridades, cumple con la normativa vigente. A nivel visual, el diseño del billete se mantendrá prácticamente intacto: seguirá presente el retrato de Benjamin Franklin, así como la inscripción “In God We Trust” y los avanzados sistemas de seguridad contra falsificación.
Los primeros ejemplares incluirán las firmas de Trump y del secretario del Tesoro, Scott Bessent. Paralelamente, continuarán en circulación billetes con firmas anteriores de la administración de Joe Biden, entre ellas la de la tesorera Lynn Malerba, considerada la última representante de una tradición iniciada en 1861.
La decisión ha sido interpretada por algunos analistas como parte de una estrategia más amplia para reforzar la presencia simbólica del presidente en elementos clave del Estado. No es la primera vez que ocurre algo similar: durante su mandato anterior, Trump ya generó controversia al estampar su firma en los cheques de ayuda económica distribuidos durante la pandemia.
Las reacciones no se han hecho esperar. Mientras algunos defienden la medida como un reconocimiento político y económico, otros la critican por considerarla innecesaria y excesivamente personalista. También hay voces que subrayan que el impacto real podría ser limitado, dado el progresivo descenso en el uso del dinero en efectivo.
Aun así, el valor histórico de la decisión es indiscutible. Expertos y coleccionistas coinciden en que estos nuevos billetes podrían convertirse en piezas codiciadas con el paso del tiempo. Más allá de su uso cotidiano, el cambio abre un debate profundo sobre la relación entre tradición, poder político y símbolos nacionales en una de las monedas más importantes del mundo.
. Bloomberg
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