La crisis económica y energética en Cuba ha generado un incremento alarmante de delitos relacionados con el robo de recursos esenciales para la generación eléctrica. En Ciego de Ávila, una de las provincias más electrificadas del país, los robos de piezas de paneles solares, aceite dieléctrico y combustible se han convertido en una amenaza constante para el ya frágil sistema energético nacional.
El hurto de estos materiales responde a un mercado negro en constante crecimiento, impulsado por la escasez de combustible y la subida descontrolada de precios en la economía informal. En lo que va de 2024, solo en el grupo electrógeno de Cayo Coco, se han sustraído 6,625 litros de diésel, lo que pudo haber causado cortes de hasta diez horas en varios hoteles del polo turístico Jardines del Rey.
Pero el impacto no solo recae en el turismo. El robo de aceite dieléctrico de los transformadores eléctricos ha dejado sin servicio a numerosas comunidades, sumando apagones a un sistema ya colapsado. Mientras tanto, en el parque solar fotovoltaico Ciego-Norte, la sustracción de tornillos y piezas clave ha obstaculizado la capacidad de generación de 21 megavatios de electricidad, un golpe directo a las ya limitadas fuentes de energía renovable.
El gobierno ha respondido con una política de “tolerancia cero”, aumentando las penas y aplicando medidas de prisión provisional bajo cargos de sabotaje y cohecho. Sin embargo, esta estrategia represiva no aborda el problema de fondo: la crisis estructural de un país donde la corrupción y la falta de alternativas económicas empujan a muchos a delinquir.
En lugar de reconocer la raíz del problema, el Estado persiste en la militarización de la respuesta, involucrando a la Fiscalía, el Ministerio del Interior y las organizaciones oficialistas en una campaña de vigilancia y control. Pero mientras el gobierno criminaliza la desesperación de quienes buscan sobrevivir, sigue sin ofrecer soluciones reales a la crisis energética que ha convertido a los apagones y la miseria en parte del día a día de los cubanos.
La creciente ola de vandalismo y robos en el sector energético no es un fenómeno aislado, sino un síntoma más del colapso económico de Cuba. Sin cambios estructurales profundos, la represión solo aumentará la desesperación y el círculo vicioso de crisis y delito seguirá sin una salida real.
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