No pocos estudiosos del tema Cuba se han adentrado en el análisis de la situación actual del sistema electro energético nacional y su tremenda problemática de arrastrar años sin verdaderas inversiones, años sin verdaderos mantenimientos, años sin cambios visibles e incluso, años sin que se tuviera en cuenta la antigüedad de las termoeléctricas para realizar un muy apropiado remplazo.
¡NO! Han sido 65 años con "curitas", con cambia esta pieza por otra y esa que quitaste, dásela a un racionalizador-innovador que la repare y se vuelve a poner. Tras el colapso total del sistema vinieron los lamentos, que van a seguir multiplicándose porque ¡no sirve! la infraestructura energética. ¡No lo duden!
Ahora nos llega la gran noticia: ¡Ya se encuentra restablecido el Sistema Eléctrico en La Habana!. Cuentan con servicio los 860 mil 808 clientes de la capital de 337 circuitos, los 43 hospitales y las principales fuentes de abasto de agua, información ofrecida por Lázaro Manuel Alonso, quien una vez más reconoció el desempeño de los trabajadores, quienes no descansaron hasta lograr que a los hogares de cada habanero llegue el servicio eléctrico.
Y si hay algo de cierto en toda la verborrea comunista de Pinocho y su pandilla es el esfuerzo de los técnicos y obreros de esas paupérrimas y deprimidas termoeléctricas que no cesan en su empeño de verlas en acción para beneficiar a una población angustiada y cansada.
¡Ya tiene luz La Habana pero...¿y el resto de la nación?!
Nos preguntamos ¿ dónde están los cientos de millones de dólares dados por Rusia para construir un sistema de generación eléctrica nuevo, con reparaciones sustanciosas y puesta en marcha de una nueva y potente termoeléctrica? ¿ qué van a hacer con el nuevo préstamo para igual objetivo?
Es fácil responder: miren a Sandrito Castro y su !fiesta revolucionaria!, observen la prepotencia del hijo de la Machi en Madrid, escuchen las promesas vacuas y mentirosas de Miguel Díaz Canel, valoren las tiendas y restaurantes que dirigen Lis Cuesta y su familia, averigüen en qué policlínico u hospital presta servicio el doctor Antonio Castro, quien, eso sí, es médico de cuantos Juegos Olímpicos existan.
Todas esas indecencias las costea el cubano de a pie; ese al que se le va la luz, al que no le llega el agua, que no tiene leche que dar a sus bebés ni meriendas que brindarle a los niños de primaria. Ese cubanos de a pie que no tiene en qué ir a trabajar ni un lugar donde poder divertirse porque no puede pagar los 15 mil pesos de la fiesta de Sandro Castro. Ese que perdió todo con el paso de devastadores huracanes y el desgobierno tiene la poca vergüenza de venderle una mugrienta colchoneta y cobijarlo en tiendas de campaña.
¡Qué bueno que llegó la luz! pero...¿hasta cuándo?
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