Alexander Alazo, el hombre que en 2020 disparó 32 balas contra la Embajada de Cuba en Washington D.C., será liberado bajo supervisión condicional tras cumplir aproximadamente cuatro años y medio en prisión y recibir tratamiento psiquiátrico. Un juez federal determinó que Alazo ya no representa una amenaza, siempre que continúe su tratamiento.
El incidente ocurrió en abril de 2020, cuando Alazo, un ciudadano estadounidense nacido en Cuba, condujo hasta la embajada cubana y abrió fuego con un rifle de asalto. En su ataque, Alazo gritó frases como "¡Dispárenme si quieren! Soy estadounidense", y trató de quemar una bandera cubana, sin éxito debido a la lluvia. A pesar de los disparos, no hubo heridos, aunque siete personas estaban dentro del edificio, que sufrió daños considerables.
Tras su arresto, Alazo explicó a las autoridades que escuchaba voces en su cabeza que le advertían de peligros provenientes de "cubanos" y organizaciones criminales. Declaró haber actuado en defensa de su familia, creyendo que estaba siendo amenazado. La investigación reveló que Alazo había recibido tratamiento psiquiátrico previamente, aunque lo había abandonado antes de tiempo, subestimando la gravedad de su condición.
Un experto psiquiátrico del gobierno determinó que Alazo no era penalmente responsable debido a su enfermedad mental en el momento del ataque. Basándose en esta evaluación, se le permitió declararse inocente por razones de locura en cuatro cargos, entre ellos atacar instalaciones oficiales extranjeras y portar un arma de fuego en un acto violento.
La jueza Amy Berman Jackson aprobó la liberación de Alazo bajo estrictas condiciones. A partir del 15 de octubre, Alazo deberá seguir un plan de tratamiento riguroso, incluyendo visitas regulares a un psiquiatra y limitaciones en su libertad de movimiento. También se le ha prohibido acercarse a cualquier edificio o empleado del gobierno cubano en Estados Unidos.
La esposa de Alazo, una enfermera psiquiátrica, será la encargada de supervisar el tratamiento y el seguimiento de su medicación. La jueza enfatizó la necesidad de proteger tanto a la comunidad como a Alazo durante este proceso de reintegración, asegurando que su libertad condicional esté sujeta a monitoreo constante.
El abogado de Alazo, Sabrina P. Shroff, afirmó que el ataque ocurrió en un momento en que su cliente no estaba mentalmente estable, y que el gobierno conocía su historial psiquiátrico tras su arresto. “Este caso nunca debió haber llegado tan lejos”, declaró Shroff. Añadió que, mientras Alazo reciba el tratamiento adecuado, no representa una amenaza para nadie.
El ataque a la embajada cubana ocurrió en un momento de tensiones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba, pero el caso de Alazo ha sido tratado principalmente como un tema de salud mental. La decisión del tribunal marca un nuevo capítulo en su vida, en el que la prioridad será garantizar su estabilidad emocional y su reintegración segura en la sociedad.
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