El día en que Raúl Castro presentó como su sustituto a Díaz Canel, utilizó frente a las cámaras una argumentación que me hizo recordar a un grupo de intelectuales latinoamericanos que vivían en México. Ellos decían que el presidente Carlos Salinas de Gortari había sido elegido para enterrar a la vieja estructura del Partido Revolucionario Institucional, con sus correspondientes cacicazgos.
Los viejos priistas mantenían tal concentración simbólica y material de poder que se convirtieron en uno de los mayores obstáculos para las nuevas relaciones comerciales tejidas antes de la firma del Tratado de Libre Comercio y representaban un freno para el empoderamiento de la nueva clase política y empresarial educada en universidades privadas y con estudios superiores en instituciones académicas estadounidenses.
El 1% de la población cubana acaba de lograr un impasse para mover sus finanzas y reacomodar las propiedades, se supone que hasta que Marco Rubio ocupe su cargo como Secretario de Estado, nombramiento que lo convierte, en la arena internacional, en el segundo hombre del único gobierno con la capacidad de colocar al otro lado del planeta y fuera del planeta, cualquier idea que se le ocurra y convencer, además, al más amplio número de votantes. Son esas ocurrencias, las que desatan las guerras, no los tanques y los aviones.
El nuevo ministro sin cartera del gobierno de Trump es el hombre más rico del mundo y está plenamente consciente de que la Inteligencia Artificial va a dejar sin trabajo a un cuarto de la población mundial porque, disfrácenlo como quieran, resulta más barato aceitar un robot que operar un corazón, aunque en las noticias el proyecto nos parezca todo lo contrario.
Por ahí van los tiros, si bien nos resulte indescifrable la manera en que el lobby que negocia con Cuba ha logrado burlarse del exilio histórico, no una, sino varias veces. ¿Por qué? Muy sencillo: Este es un país de leyes que promueve normas de convivencia democráticas que superan el dolor o el reclamo de justicia de cualquier grupo social. Y, directo y a la cara, The Money is Money.
¿Cuánto gana Biden con esta medida? Nada. Obligar a Trump y Rubio a quedar bien o enfrentarse con su base política cubanoamericana. El escenario del 2014 se repetirá en la Habana, las embajadas occidentales acreditadas olvidarán a los disidentes que no son mediáticos para realizar shows, exposiciones y lecturas privadas a las que solamente son invitados las élites.
Así es el mundo y nosotros ya no somos originales dentro de él. Somos la copia barata y bolsilibro de un comportamiento oportunista que no inventó el castrismo, sino el capital. Lo demás: es cotilleo y fotico en los camerinos.
Juan Pin Vilar.
San Francisco, CA. 2025
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