En un caso que ilustra el grado de descomposición ética y organizativa que vive Cuba en medio de su prolongada crisis, dos custodios fueron detenidos recientemente en Cárdenas, provincia de Matanzas, por robar los mismos materiales que debían proteger. Los implicados, Richard Ramírez Real y Alejandro Ramón Alejo Lantigua, sustrajeron 72 tramos de acero y 9 tiras de cabillas del almacén de la Unidad Empresarial de Base (UEB) “La Calera”, ubicada en el consejo popular Versalles.
Lo más alarmante del caso no es solo el robo en sí, sino el hecho de que los autores del delito tenían antecedentes penales por robo, y en el caso de Ramírez Real, también por acaparamiento. Aun así, ambos fueron contratados para custodiar bienes del Estado, una decisión que pone en entredicho los mecanismos de selección y control en las instituciones estatales.
La información fue publicada por el perfil oficialista "Con Todos La Victoria", un canal digital vinculado a fuentes policiales y utilizado frecuentemente para divulgar operativos y detenciones con un enfoque propagandístico que intenta destacar la supuesta eficacia de las autoridades. Sin embargo, lejos de transmitir tranquilidad, el caso de “La Calera” evidencia una falla estructural profunda.
En un país donde los salarios estatales no alcanzan para cubrir las necesidades básicas y donde la corrupción ha dejado de ser la excepción para convertirse en una norma no escrita, la criminalidad ha penetrado todos los niveles de la sociedad. Lo que antes se consideraba impensable —como que un custodio robe lo que debe proteger— ahora ocurre con una frecuencia inquietante.
El caso también expone una falta total de rigurosidad en la contratación de personal para tareas sensibles como la seguridad de recursos materiales. ¿Cómo es posible que individuos con antecedentes por robo tengan acceso directo a almacenes de materiales de construcción, uno de los sectores más golpeados por el desabastecimiento y el mercado negro?
Aunque los responsables del robo ya están detenidos y, según “Con Todos La Victoria”, serán procesados judicialmente, lo cierto es que este episodio refleja una realidad mucho más compleja: el colapso de valores ante la desesperación.
Los constantes apagones, la inflación descontrolada, el desabastecimiento crónico y la imposibilidad de progresar mediante el trabajo honrado están empujando a cada vez más cubanos a optar por la ilegalidad como forma de supervivencia. En este contexto, la moral se vuelve un lujo, y la degradación ética se convierte en la norma.
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