En el Consejo Popular Molino Rojo, en Bayamo, provincia de Granma, fue descubierto un extenso sembradío de marihuana que confirma una tendencia preocupante: el incremento del narcotráfico y consumo de drogas en Cuba, una realidad que ya se le ha salido de las manos al Estado.
El responsable del cultivo, identificado como Lázaro, había convertido su terreno agrícola en un campo de 1,257 plantas de marihuana, según reportes locales. Lejos de sembrar yuca, maíz, plátanos o calabazas para alimentar a su comunidad, Lázaro optó por producir “veneno”, como lo han descrito vecinos indignados, causando un daño profundo a las familias y, especialmente, a la juventud.
El hallazgo se logró gracias a la denuncia de miembros de la comunidad y al accionar de las autoridades, que lograron desmantelar la operación y detener al presunto responsable. La magnitud del cultivo revela que no se trata de un caso aislado ni de un simple cultivo doméstico, sino de una actividad criminal organizada, probablemente con conexiones para distribución en otras zonas del país.
Este hecho es apenas uno de los muchos que se están conociendo en los últimos años y que reflejan un fenómeno creciente: el aumento de la circulación, cultivo y consumo de drogas en Cuba. Tradicionalmente, el régimen ha presumido de tener un férreo control sobre el narcotráfico, sin embargo, la realidad actual desmiente esa narrativa.
El consumo de marihuana, pastillas psicotrópicas, cocaína y otras sustancias ha ido en aumento, especialmente entre adolescentes y jóvenes, quienes se enfrentan a un contexto de desesperanza, crisis económica y falta de perspectivas. En barrios y ciudades del país es cada vez más común escuchar testimonios de padres angustiados por hijos que han caído en las drogas, mientras crece también el número de denuncias por ventas ilegales, muchas veces incluso cerca de escuelas o espacios públicos.
Lo más alarmante es que el Estado parece estar perdiendo capacidad de respuesta ante este fenómeno. La escasez de recursos, la corrupción en algunas estructuras locales y la falta de un sistema integral de prevención y tratamiento han permitido que esta crisis avance sin freno. En lugar de una respuesta estructural, el régimen suele limitarse a mostrar arrestos o decomisos puntuales como una forma de control propagandístico, pero no se ataca el problema desde su raíz.
El caso de Lázaro en Bayamo es un ejemplo brutal de cómo el narcotráfico ha penetrado incluso sectores rurales, que históricamente eran centros de producción agrícola para el consumo nacional. Hoy, ante la falta de insumos, de incentivos y de esperanza, algunos optan por el camino más oscuro: sembrar marihuana en lugar de alimentos.
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