Los apagones en Cuba han alcanzado niveles alarmantes en las primeras semanas de 2025, con un déficit energético que sigue en aumento y mantiene a la población sumida en la incertidumbre y el desespero. La Unión Eléctrica (UNE) ha informado que para este martes 4 de febrero se espera un déficit de 1,714 MW, lo que dejará sin servicio eléctrico a más de la mitad del país.
Según el informe de la UNE, la máxima demanda estimada para el horario pico es de 3,350 MW, mientras que la disponibilidad apenas alcanzará 1,706 MW. Esta situación ha provocado cortes prolongados que afectan la calidad de vida de los cubanos, quienes desde el inicio del año han visto cómo los apagones se intensifican sin una solución clara en el horizonte.
La crisis energética en la isla se debe a la crítica situación de las termoeléctricas, muchas de las cuales presentan averías constantes o están en mantenimiento. Actualmente, las principales afectaciones se deben a:
Averías en las unidades: Santa Cruz (Unidad 3), Guiteras, Nuevitas (Unidad 5) y Felton (Unidad 2).
Mantenimiento en curso: Santa Cruz (Unidad 2), Cienfuegos (Unidades 3 y 4), Felton (Unidad 1) y Renté (Unidad 5).
Limitaciones térmicas: 151 MW fuera de servicio.
Problemas por falta de combustible: 58 centrales de generación distribuida (340 MW) y motores fuera de servicio en la Patana de Regla (36 MW).
Este panorama refleja la ineficiencia del sistema eléctrico nacional, donde una termoeléctrica entra en funcionamiento mientras otra sale de servicio, generando un círculo vicioso sin solución definitiva. La falta de inversiones y el deterioro de la infraestructura energética han llevado a que la generación de electricidad sea insuficiente para cubrir la demanda del país.
El deterioro del sistema eléctrico ha convertido la vida cotidiana en un calvario para los cubanos. La incertidumbre sobre los horarios de los apagones impide a las familias organizarse, afectando actividades esenciales como la refrigeración de alimentos, el bombeo de agua y la comunicación.
Las noches en completa oscuridad han incrementado la sensación de inseguridad, mientras que el calor sofocante sin ventilación agrava el malestar de la población. En las redes sociales, las quejas y denuncias de los ciudadanos se multiplican, denunciando que los apagones no solo son más frecuentes, sino también más prolongados.
Además, la crisis energética golpea duramente la ya precaria economía cubana. Sin electricidad, muchos trabajadores por cuenta propia no pueden operar, afectando sus ingresos y limitando aún más el acceso a bienes y servicios básicos.
La UNE no ha ofrecido una fecha concreta para la estabilización del servicio eléctrico. La única certeza es que mientras no se realicen inversiones estructurales y se garantice el abastecimiento de combustible, la crisis continuará.
Los apagones en Cuba ya no son una simple molestia; se han convertido en un reflejo del colapso de un sistema que no puede garantizar lo más básico a su población. Con un país cada vez más tiempo a oscuras, el malestar social sigue en aumento y la desesperación de los cubanos se profundiza con cada día que pasa sin una solución real a la vista.
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