Un niño cubano de apenas 10 años, en una bicicleta vieja y más grande que él, recorre cada tarde las calles de Camagüey vendiendo tamales para ganarse la vida, un ejemplo más de la cruda realidad que enfrentan muchos menores en Cuba, donde siempre se enarboló la consigna de que los niños nacen para ser felices. Según el periodista independiente José Luis Tan Estrada, este pequeño está atrapado en una crisis económica que lo obliga a trabajar desde temprana edad.
Los zapatos desgastados, la cara manchada por el sol, cuenta los billetes con tremenda agilidad, sus ojos reflejan una infancia infeliz... verdades que echan por tierra toda la política mentirosa del régimen imperante en la Isla.
"Mi mamá se fue para Rusia, mi papá también se quiere ir. Vivo con mis abuelos y mi tío", le dijo el niño al periodista. El testimonio del pequeño refleja la gravedad de la situación económica y de la crisis migratoria cubana actual, que deja a miles de infantes separados de sus padres y al cuidado de los abuelos, con una situación familiar precaria.
A raíz de esto es innegable el modo alarmante en que crece el trabajo infantil en Cuba. Muchos niños cubanos en lugar de disfrutar de su infancia, están buscando formas de trabajo para ayudar a sus familias. Desde vender productos en las calles hasta hurgar en la basura o pedir limosnas y es que cada día más menores se ven for zados a trabajar para sobrevivir en Cuba.
A pesar de que la ley cubana prohíbe el trabajo infantil y protege los derechos de los menores, los efectos devastadores de la crisis económica son palpables.
El gobierno pretende tapar el sol con un dedo pero hasta la prensa oficialista reconoció recientemente la existencia de casos de trabajo infantil en el país.
Instituciones educativas en Santiago de Cuba como el IPU "Cuqui Bosch" y la Secundaria Básica "Espino Fernández", han identificado menores en sus comunidades que trabajan y faltan a clases para contribuir al sustento de sus hogares.
La historia de este niño camagüeyano es un reflejo de una problemática más amplia, donde la migración y la pobreza están dejando cicatrices profundas en las nuevas generaciones de cubanos. La dictadura no ofrece apoyo económico a las familias vulnerables y la calidad de vida de los niños es cada vez peor. Este año, por primera vez, la UNICEF reconoció que el 9% de los niños cubanos sufren pobreza alimentaria grave, pues solo consumen dos de los ocho alimentos que necesitan para crecer sanos.
No sé su nombre, tampoco donde vive. Tiene 10 años y todas las tardes para ganarse algo de dinero, en una bicicleta armada a pedazos más grande que él, vende tamales a 60 pesos. Un niño que debería estar jugando con otros niños, yendo a la escuela con su uniforme limpio y sus libros y libretas, en su casa bañado y alimentado, viendo los muñequitos... ¡pero su realidad es bien distinta!
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