Israel llevó a cabo una sofisticada operación para debilitar a Hezbollah mediante la colocación de explosivos en dispositivos de comunicación, lo que resultó en múltiples explosiones en Líbano. Estas explosiones afectaron a pagers y walkie-talkies distribuidos entre miembros de Hezbollah, causando caos y numerosas víctimas.
La operación se centró en la fabricación y distribución de estos dispositivos, supuestamente producidos por una empresa ficticia llamada B.A.C. Consulting. Esta compañía fue creada por los servicios de inteligencia israelíes, que hicieron pasar a B.A.C. como una contratista internacional que fabricaba pagers para una empresa taiwanesa. En realidad, los dispositivos contenían pequeñas cantidades de PETN, un explosivo potente.
La fabricación de los dispositivos comenzó mucho antes de que Hezbollah decidiera invertir en pagers para evitar el espionaje telefónico israelí. Hassan Nasrallah, líder de Hezbollah, había promovido el uso de pagers para recibir comunicaciones seguras, ya que los teléfonos móviles podían ser intervenidos y revelar la ubicación de sus operativos. Esta medida buscaba proteger al grupo de los sofisticados ataques israelíes, que ya habían utilizado tecnología avanzada para eliminar a altos mandos de Hezbollah.
El gobierno israelí vio una oportunidad en esta estrategia y comenzó a fabricar pagers específicamente diseñados para Hezbollah, pero con una trampa mortal. A lo largo de 2022, miles de estos dispositivos fueron enviados a Líbano y distribuidos entre los miembros de Hezbollah y sus aliados.
El martes, el gobierno israelí decidió activar los explosivos en los pagers. En cuestión de segundos, los dispositivos comenzaron a sonar y, poco después, explotaron. El caos se apoderó de Líbano, con al menos 12 muertos y más de 2,700 heridos en la primera ola de explosiones. Al día siguiente, más explosiones de walkie-talkies dejaron al menos 20 muertos adicionales.
A pesar de que Israel no confirmó su implicación, múltiples funcionarios de inteligencia y defensa revelaron detalles sobre la operación. La clave fue hacer que los mensajes enviados a los pagers parecieran provenientes de los altos mandos de Hezbollah, lo que aseguraba que los operativos confiaran en las alertas y las atendieran sin sospechar.
Las explosiones no solo afectaron a miembros de Hezbollah, sino también a civiles inocentes. Entre las víctimas se encontraba Fatima Abdullah, una niña de 9 años que murió cuando el pager de su padre explotó mientras lo sostenía en sus manos.
Con las ambulancias saturadas y los hospitales desbordados, Líbano se sumió en el caos. Hezbollah confirmó que ocho de sus combatientes murieron, pero las explosiones también dejaron innumerables víctimas no combatientes.
Esta operación muestra cómo Israel ha utilizado tácticas tecnológicas avanzadas para atacar a sus enemigos, llevando el conflicto con Hezbollah a un nuevo nivel de complejidad y letalidad. Para los libaneses, la lección quedó clara: incluso los dispositivos más comunes pueden convertirse en armas mortales.
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