El apagón generalizado que sufrió Cuba en la madrugada de este miércoles dejó graves afectaciones no solo en el suministro eléctrico, sino también en las telecomunicaciones. Según reportó la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba S.A. (Etecsa), el servicio de telefonía móvil a nivel nacional se redujo en un 53% debido a la interrupción del Sistema Electroenergético Nacional (SEN).
Camagüey y La Habana fueron las provincias más perjudicadas, con un 63% y 60% de afectación respectivamente, según los datos ofrecidos por la empresa estatal al cierre de la una de la tarde. Etecsa indicó que la disponibilidad del servicio irá mejorando gradualmente en la medida en que se restablezca el suministro eléctrico en las diferentes zonas del país.
La afectación a la red móvil es un reflejo de la dependencia de los sistemas de telecomunicaciones del suministro eléctrico. A pesar de contar con baterías de respaldo en las estaciones base, estas solo pueden sostener el servicio por un tiempo limitado, y cuando el apagón se prolonga, como ocurrió en esta ocasión, la red comienza a colapsar.
Los apagones en Cuba no son un fenómeno nuevo, pero su frecuencia e intensidad han aumentado en los últimos años debido a la crisis energética que enfrenta el país. El deterioro de las plantas generadoras, la falta de mantenimiento adecuado y la escasez de combustible han llevado al colapso recurrente del SEN, dejando a millones de cubanos en la oscuridad y sin acceso a servicios básicos.
En este contexto, las telecomunicaciones se han convertido en una de las áreas más vulnerables. La telefonía móvil y el acceso a internet, que ya enfrentan problemas como altos costos y lentitud, ahora se ven afectados adicionalmente por la inestabilidad del suministro eléctrico.
La interrupción del servicio de telefonía móvil tiene un impacto directo en la vida de los cubanos, dificultando la comunicación entre familiares, el acceso a información y la realización de transacciones básicas que dependen de la conectividad, como pagos móviles o consultas bancarias.
En un país donde muchas familias dependen de remesas del extranjero, enviadas a través de plataformas digitales, la falta de acceso a internet o telefonía móvil agrava las dificultades económicas. Además, la desconexión limita la posibilidad de informarse en tiempo real sobre la situación del apagón o las medidas tomadas por las autoridades para resolver la crisis.
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