A una carrera desenfrenada se lanza cada territorio cubano en pos de poner en práctica medidas que nada van a solucionar. Un ejemplo está en Camagüey, donde el periodista independiente José Luis Tan Estrada informa, a partir de fuentes internas y no oficiales, sobre un paquete de disposiciones que comenzarán a aplicarse como respuesta a la grave escasez de combustible que atraviesa el país. Lejos de ofrecer alivio, estas decisiones parecen confirmar la improvisación y el carácter restrictivo de una gestión que actúa a la defensiva.
Según la información filtrada, las autoridades provinciales han decidido suspender la transportación interprovincial y ajustar la movilidad entre municipios, una medida que afectará directamente a trabajadores, estudiantes y familias que dependen del transporte público para sostener su vida diaria. A esto se suma la suspensión de la venta de gasolina en divisas a la población, lo que reduce aún más las posibilidades de movilidad en un contexto donde el transporte estatal es insuficiente y colapsado.
Otro de los puntos más sensibles es el impacto en el sector educativo. Las fuentes indican que se ajustarán los horarios docentes y que los estudiantes becados de otros municipios y provincias serán enviados a sus casas, una decisión que rompe la rutina escolar y evidencia cómo la crisis energética y de combustible termina trasladándose, una vez más, al pueblo, especialmente a los más jóvenes.
El ámbito cultural tampoco escapa a los recortes, según los rumores extendidos por toda la provincia aunque no haya nada oficial aún. Se prevé la reorganización de la programación artística, con la suspensión de eventos y jornadas que quedarían pendientes “para otro momento”... ¡momento que nadie puede asegurar cuándo llegará! Mientras tanto, la vida cultural de la provincia se reduce o evapora, privando a la población de uno de los pocos espacios de alivio en medio de la crisis.
Llama la atención que estas medidas no se hayan hecho públicas oficialmente y que, según las fuentes, se mantengan en silencio hasta el regreso de altos dirigentes del Partido en la provincia, por temor a filtraciones. Este secretismo refuerza la percepción de un poder más preocupado por controlar la información que por dialogar con la ciudadanía.
En paralelo, la población sigue enfrentando apagones prolongados y el desesperante “quita y pon” eléctrico, denunciado por residentes que describen jornadas enteras sin corriente y cortes intermitentes que dañan equipos y agotan la paciencia. Camagüey se convierte así en un espejo de lo que ocurre en todo el país: ajustes, restricciones y silencios oficiales que no atacan la raíz del problema, mientras la crisis continúa profundizándose sin un horizonte claro de solución.
Del perfil de José Luis Tan
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