Sandro Castro, nieto del fallecido dictador Fidel Castro, volvió a colocarse en el centro de la polémica tras anunciar en su cuenta de Instagram la creación de su propio sello discográfico, al que bautizó con el nombre de “Castro Records”.
El lanzamiento vino acompañado de la presentación en plataformas digitales del videoclip de la canción “Cristach”, un proyecto que ha generado más burlas que aplausos.
En su publicación, Sandro se mostró en el rol de productor musical, lanzando frases incoherentes que recuerdan al estilo del gobernante designado Miguel Díaz-Canel, quien alguna vez pronunció el ya célebre disparate: “la base de todo es una mano de Halloween, no la limonada”. Con este tipo de expresiones, el nieto de Fidel confirma la desconexión de la élite castrista respecto a la dura realidad que enfrenta la juventud cubana, marcada por la represión y la falta de oportunidades, según publicó en su perfil de Facebook La Tijera.
Mientras Sandro goza de total libertad para expresarse y jugar a ser artista, decenas de jóvenes cubanos permanecen encarcelados por las protestas del 11 de julio de 2021, cuando miles salieron a las calles a exigir libertad y mejores condiciones de vida.
Muchos de ellos cumplen condenas desproporcionadas por delitos fabricados, lo que contrasta con la impunidad de la que disfrutan los herederos del poder en la isla.
No es la primera vez que el nieto dictatorial genera controversia. Apenas días atrás, desde el Malecón habanero, se grabó burlándose del dictador venezolano Nicolás Maduro con la frase “¡Maduro frito!”, un gesto que refleja tanto su desprecio como la soberbia con la que los descendientes de la cúpula castrista exhiben sus privilegios.
El caso de Sandro Castro resume la contradicción entre una élite que se divierte con lujos, fiestas y proyectos excéntricos, y un pueblo sometido a la escasez, la censura y la persecución política.
En este escenario, “Castro Records” no aparece como una propuesta cultural seria, sino como otro capítulo del nepotismo y la impunidad que marcan la historia reciente de Cuba.
El mensaje que envía Sandro, entre música y extravagancias, es el mismo que ha acompañado a su familia por décadas: en Cuba la libertad es privilegio de unos pocos, mientras el resto paga con cárcel, silencio o exilio.
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