La crisis de la basura en La Habana ha alcanzado tal magnitud que ni siquiera los medios oficialistas han podido seguir mirando hacia otro lado. En un extenso y poco habitual ejercicio de franqueza, Cubadebate, uno de los principales órganos de propaganda del régimen, dedicó un largo reportaje a describir sin eufemismos el deterioro higiénico que sufre la capital cubana, donde los desechos se han convertido en parte permanente del paisaje urbano.
Esquinas colapsadas, contenedores rotos o inexistentes, microvertederos improvisados y montones de basura acumulados durante días forman hoy parte de la cotidianidad habanera. Lo que antes se intentaba explicar como una “situación coyuntural” aparece ahora reconocido como un problema estructural, sostenido durante años por la falta de recursos, la mala gestión y la ausencia de un sistema estable de recogida.
Según reconocen las propias autoridades, La Habana genera actualmente más residuos de los que es capaz de recoger. Mientras la ciudad produce cifras que rondan los 20.000 metros cúbicos diarios, apenas logra retirar entre 16.000 y 17.000, muy por debajo de etapas anteriores. El resultado es visible: la basura se queda en las calles.
Uno de los datos más reveladores expuestos por Cubadebate es el colapso técnico del sistema de recogida. De 106 camiones recolectores disponibles en plantilla, solo 44 están operativos, lo que sitúa la disponibilidad técnica por debajo del 45%. A esto se suman problemas crónicos de combustible, demoras en la habilitación diaria, roturas, falta de piezas y un déficit de personal que lastra cualquier intento de eficiencia.
La escasez de contenedores agrava aún más el problema. La capital necesitaría entre 20.000 y 30.000, pero apenas cuenta con unos 10.000, muchos en mal estado. Cuando no hay contenedores, la basura va directamente al suelo, una realidad que el propio discurso oficial ya no puede negar.
El reportaje también admite que los vertederos de La Habana están prácticamente colapsados. Las áreas destinadas al relleno sanitario no admiten nuevas cargas en las condiciones actuales y no pueden ser incendiadas por el riesgo de acumulación de gas metano. Localizar nuevos espacios requiere permisos ambientales complejos que, hasta ahora, no han ofrecido soluciones inmediatas.
Ante este panorama, el Gobierno ha presentado una estrategia con 49 medidas a corto, mediano y largo plazo, que incluye reorganizar rutas, recuperar equipos, importar camiones y contenedores, introducir vehículos eléctricos, producir biogás y aplicar la llamada tasa de ecovalor. Sin embargo, muchas de estas acciones suenan a promesas repetidas en un contexto donde el problema lleva años agravándose.
El deterioro no se limita a barrios periféricos. Municipios densamente poblados como Centro Habana figuran entre los más afectados, mientras zonas tradicionalmente ordenadas, como el reparto Kholy en Playa, comienzan a mostrar señales de abandono asociadas al crecimiento desordenado de mipymes sin un sistema efectivo de manejo de residuos.
Vecinos denuncian que cartones, escombros y restos de actividades comerciales se acumulan sin control, mientras los camiones recolectores dejan de pasar con la frecuencia habitual. Las quejas, aseguran, rara vez obtienen respuesta.
En comunidades como El Wajay, en Boyeros, la situación es aún más crítica. Allí confluyen la irregularidad del servicio, la falta de control institucional y la indisciplina social. Residentes y trabajadores por cuenta propia coinciden en que no existe un sistema de exigencia ni seguimiento. Se asignan tareas, pero no se fiscalizan.
Desde el sector de la salud, las alertas son claras: la acumulación de basura favorece la proliferación de mosquitos, roedores y enfermedades como dengue, zika y chikungunya. Médicos y enfermeros reconocen que la prevención resulta inútil si los desechos permanecen días o semanas en la vía pública.
El reciclaje, presentado como parte de la solución, sigue siendo un eslabón débil. Aunque existe una normativa que obliga a actores económicos a entregar residuos reciclables, la falta de clasificación en origen, los bajos precios y la escasa fiscalización provocan que toneladas de materiales reutilizables terminen en los vertederos o en la calle.
Ni siquiera los programas comunitarios, como “Reciclo mi barrio”, logran compensar un sistema desbordado. Mientras tanto, los llamados “buzos” continúan hurgando entre la basura, síntoma extremo de una crisis económica y urbana sin resolver.
Que Cubadebate haya tenido que reconocer públicamente esta realidad es, en sí mismo, una señal del nivel de deterioro alcanzado. Cuando el medio que durante años maquilló los problemas admite el colapso, queda claro que La Habana no enfrenta un problema puntual, sino el resultado de décadas de abandono, mala gestión y falta de voluntad estructural. La basura, esta vez, habla por sí sola.
Fuente: Cubadebate
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