El mercado informal de divisas en Cuba amanece este domingo con una calma que, aunque llamativa, no despeja las tensiones de fondo que atraviesa la economía nacional. Las principales monedas se mantienen sin cambios en sus cotizaciones, en un contexto marcado por la incertidumbre, la presión externa y la fragilidad estructural del sistema financiero. De acuerdo con los reportes más recientes, el dólar estadounidense continúa en torno a los 490 pesos cubanos, el euro se sostiene cerca de los 530 pesos y la MLC permanece alrededor de los 410, tras los movimientos registrados en días anteriores.
Esta estabilidad contrasta con el comportamiento de la tasa oficial, que ha mostrado una devaluación acelerada del peso en las últimas jornadas, con el dólar por encima de los 430 pesos y el euro superando los 500. Aun así, la brecha entre el mercado oficial y el informal sigue siendo amplia, lo que refuerza la percepción de que los precios reales de las divisas se determinan fuera de los canales estatales y responden más a la oferta y la demanda callejera que a las decisiones administrativas.
Especialistas y observadores coinciden en que esta aparente calma no debe interpretarse como un cambio de tendencia, sino como una pausa del mercado tras semanas de ajustes y correcciones. En el contexto cubano, la estabilidad suele ser temporal y altamente sensible a factores como la entrada de remesas, la disponibilidad de efectivo, la crisis energética y las señales políticas tanto internas como externas. Cualquier variación en estos elementos puede provocar movimientos bruscos en cuestión de horas.
En paralelo, persisten las expectativas sobre posibles decisiones desde Estados Unidos que podrían endurecer aún más las condiciones económicas, especialmente en lo relacionado con el sector energético y el acceso a combustibles. Aunque no se han anunciado medidas concretas, el simple hecho de que se evalúen nuevos escenarios incrementa la percepción de riesgo y debilita la confianza en el peso cubano como reserva de valor.
Por ahora, el mercado informal parece haber asimilado estas tensiones, manteniendo las cotizaciones en un punto de equilibrio temporal entre quienes necesitan vender divisas para cubrir gastos y quienes buscan proteger sus ingresos frente a la inflación. Sin embargo, la experiencia reciente demuestra que este equilibrio es frágil y puede romperse ante cualquier evento inesperado, desde una nueva escalada de apagones hasta cambios en la política monetaria o en el flujo de remesas.
En un país donde el costo de la vida sigue en ascenso y el poder adquisitivo del salario continúa deteriorándose, el comportamiento de las divisas sigue siendo un termómetro clave de la economía real. Aunque hoy los números no se mueven, las presiones estructurales permanecen intactas, y con ellas, la posibilidad de nuevos repuntes en el corto plazo.
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