El arresto de Liam Conejo Ramos, un niño de cinco años, junto con su padre Adrián Alexander Conejo Arias, ciudadano ecuatoriano, por parte de agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en Columbia Heights, un suburbio de Minneapolis, genera una fuerte indignación pública en Estados Unidos. El hecho ocurrió el 20 de enero, cuando ambos regresaban de la escuela y fueron interceptados por agentes federales en la entrada de su vivienda. La imagen del menor, con un gorro azul con orejas de conejo y una mochila de Spider-Man, siendo sostenido por un agente vestido de negro, se difundió rápidamente en redes sociales y provocó una ola de reacciones políticas y sociales.
Según el abogado de la familia, padre e hijo fueron trasladados a un centro de detención familiar en Dilley, Texas. Las versiones sobre lo ocurrido son contradictorias: autoridades escolares, incluida la superintendente del distrito, Zena Stenvik, afirmaron que un agente sacó al niño de un vehículo policial y lo llevó hasta la puerta de su casa para que tocara y verificara si había más personas en el interior, lo que fue descrito como el uso de un menor “como cebo”, y añadieron que otros adultos presentes ofrecieron hacerse cargo del niño, pero los agentes se negaron.
El Departamento de Seguridad Nacional y ICE sostienen que el objetivo de la detención era el padre y que el niño no fue arrestado como tal, sino que fue mantenido bajo custodia por razones de seguridad y para no separarlo de su progenitor, además de señalar que existen procedimientos para que los padres designen a un cuidador alternativo si así lo desean.
La familia y su defensa han indicado que tenían un proceso migratorio en curso, incluido un posible caso de asilo, y que no existía una orden inmediata de expulsión. El caso ha intensificado el debate sobre las prácticas de ICE en comunidades residenciales y cerca de centros educativos, así como sobre el impacto psicológico que estas intervenciones tienen en los menores, mientras que figuras políticas han expresado posturas encontradas: algunos condenan la actuación de los agentes y otros la defienden en nombre del cumplimiento de la ley migratoria.
En este contexto, el vicepresidente de Estados Unidos JD Vance ha defendido públicamente la actuación de los agentes federales. Durante una visita a Minneapolis, Vance afirmó que el niño no fue detenido como objetivo de la acción, sino que se quedó bajo tutela de las autoridades por la seguridad del menor cuando su padre habría huido durante la detención, y cuestionó que se critiquen las acciones de ICE por el simple hecho de que un niño estuviera presente.
Vance dijo que cuando su equipo fue a arrestar al padre, este “corrió”, y añadió: “¿Qué se supone que deben hacer? ¿Dejar que un niño de cinco años muera de frío?”, defendiendo que los agentes actuaron para proteger al menor en una situación complicada y subrayando que el cumplimiento de las leyes migratorias también es una prioridad.
El vicepresidente, que se describió también como padre de un hijo de la misma edad, insistió en la importancia de respaldar a las fuerzas del orden y criticó la falta de cooperación de autoridades locales con las operaciones federales, lo que según él, contribuye al caos en la comunidad. Vance ha intentado presentar estas medidas como parte de un esfuerzo por reducir la tensión, aunque sus comentarios han intensificado aún más la controversia, especialmente porque la familia de Liam mantiene que tenía un proceso de asilo activo y no existía una orden de deportación. Las reacciones políticas y sociales continúan divididas, con críticas que señalan el impacto traumático de estas detenciones en menores y defensores que argumentan la necesidad de aplicar la ley migratoria con firmeza.
Fuentes: ABC - La Razón
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