El doctor e intensivista Julio César Alfonso, fundador de la iniciativa Solidaridad Sin Fronteras para Cuba, lanzó una advertencia contundente sobre la profundidad de la crisis humanitaria que atraviesa el país y reclamó una intervención higiénico-sanitaria inmediata por parte de la comunidad internacional. En declaraciones recientes, Alfonso sostuvo que la gravedad del escenario ya no admite demoras ni silencios y que la inacción está cobrando un precio humano irreversible.
“Continuamos exigiendo una intervención higiénico-sanitaria inmediata. Esta petición no parará mientras Cuba siga en esta situación crítica. Corresponde a las organizaciones internacionales intervenir, porque el régimen ha demostrado que no actuará”, afirmó el especialista, quien cuenta con amplia experiencia en cuidados intensivos y atención a pacientes en situaciones de emergencia. Para el médico, el deterioro de los servicios básicos de salud, el desabastecimiento de insumos y medicamentos, y la precariedad alimentaria conforman un cuadro de emergencia sostenida que desborda la capacidad de respuesta interna.
Alfonso fue aún más explícito al describir el impacto cotidiano de esta crisis: “No es exageración, es la realidad: la crisis humanitaria en Cuba está rompiendo vidas. Cada gesto, cada acción puede salvar a alguien. No esperen más”. En su pronóstico, de no producirse una acción rápida y coordinada, el país enfrentará consecuencias dramáticas, con personas falleciendo en las calles por causas prevenibles, una imagen que, subrayó, no responde a alarmismo sino a la observación directa de lo que ya ocurre en hospitales y comunidades.
Desde Solidaridad Sin Fronteras para Cuba, el doctor insiste en la necesidad de corredores humanitarios, apoyo logístico y sanitario, y mecanismos de supervisión internacional que permitan llevar ayuda efectiva a la población más vulnerable. Su llamado apunta tanto a organismos multilaterales como a entidades médicas y humanitarias, a quienes exhorta a actuar con urgencia y sin condicionamientos políticos.
Las palabras de Alfonso se suman a un creciente coro de profesionales de la salud y activistas que advierten sobre un colapso silencioso, donde la falta de recursos básicos convierte enfermedades tratables en sentencias de muerte. El mensaje es claro: cada día sin intervención agrava una crisis que ya se mide en vidas humanas.
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