Según el informe de la Unión Eléctrica (UNE) de Cuba correspondiente al viernes 23 y sábado 24 de enero de 2026, el país continúa atravesando una de las etapas más críticas de su sistema electroenergético, con afectaciones severas y sostenidas en casi todo el territorio nacional. Las cifras oficiales confirman que los apagones no son eventos aislados, sino parte de un déficit estructural que mantiene interrumpido el servicio durante gran parte del día y la noche.
Para el horario pico nocturno del viernes, la UNE pronosticó una afectación máxima cercana a los 1 970 megawatts (MW), con condiciones similares previstas para el sábado, cifra que resulta especialmente alarmante si se compara con la disponibilidad estimada de generación, que apenas alcanzó los 1 260 MW frente a una demanda que supera los 3 200 MW. La brecha entre oferta y consumo refleja una incapacidad técnica para cubrir las necesidades básicas del país, incluso en escenarios de consumo moderado.
El día anterior, el déficit de generación superó los 1 900 MW, lo que provocó apagones prácticamente continuos en muchas provincias. Esta situación se agrava por la salida de servicio de varias unidades termoeléctricas clave, incluyendo instalaciones en Mariel, Nuevitas y Felton, afectadas por averías técnicas y mantenimiento prolongado. A estas fallas se suman limitaciones en la generación térmica y dificultades con el suministro de combustible, factores que reducen aún más la capacidad operativa del sistema.
Los reportes oficiales reconocen que el problema no es coyuntural. El estado obsoleto de gran parte de la infraestructura eléctrica, unido a la falta de recursos para reparaciones profundas y modernización tecnológica, impide una recuperación sostenida. Aunque se realizan esfuerzos para reincorporar unidades al sistema, la entrada y salida constante de plantas por fallas técnicas mantiene una alta inestabilidad en la generación.
Desde el punto de vista social, la crisis energética impacta directamente en la vida cotidiana de la población, afectando la conservación de alimentos, el funcionamiento de centros laborales y educativos, así como los servicios básicos. La variabilidad de los apagones por provincias, tanto en duración como en horarios, incrementa la incertidumbre y dificulta la planificación diaria de las familias.
Las autoridades recomiendan seguir los canales oficiales de las empresas eléctricas provinciales, especialmente a través de Telegram, para conocer las actualizaciones en tiempo real. Sin embargo, los propios informes advierten que la situación técnica no muestra señales claras de mejora para el presente año, lo que sugiere que la población deberá continuar enfrentando cortes prolongados mientras no se logre una solución estructural al problema energético nacional.
En este contexto, la crisis eléctrica se consolida como uno de los principales desafíos económicos y sociales de Cuba en 2026, con efectos que trascienden el ámbito energético y afectan el funcionamiento integral del país.
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