El padre Alberto Reyes, muy conocido por su defensa al pueblo cubano y en contra de la dictadura que oprime, a través de su sección "He estado pensando..." nos acerca una vez más a la realidad de Cuba. Esta vez se refiere a la disociación psicótica.
"Confieso que este artículo lo ha motivado ´la condena de José Gabriel Barrenechea a seis años de cárcel´, porque es una muestra más de que el gobierno de nuestra nación padece definitivamente de lo que la psicología llama ´disociación psicótica´. Esta condición —que consiste en la incapacidad para percibir la realidad como es— hace que se pierda “el contacto con lo que podríamos llamar ‘la realidad real´ y que, en su lugar, se construya una realidad ficticia interior, percibida como cierta y usada para tomar decisiones erróneas".
Esa desconexión mental no es nueva en la historia. Recordamos que “le sucedió a Hitler al final de la II Guerra Mundial, cuando insistía en enviar a luchar a batallones que habían sido exterminados”. O que “le sucedió al Che Guevara … cuando estaba convencido de la llegada de refuerzos de la Argentina, refuerzos que nunca existieron”. Ejemplos extremos de cuando el pensamiento se aparta dramáticamente de los hechos.
Hoy, mientras este pueblo sigue saliendo a las calles a reclamar su derecho a la vida —sea pidiendo agua, comida, medicinas, luz o libertad—, el Gobierno responde hablando de paciencia, sacrificio y resistencia, culpando al bloqueo de todo mal y exacerbando la represión, las condenas injustas y los juicios ejemplarizantes.
La sentencia contra Barrenechea —quien fue condenado por participar en protestas pacíficas exigiendo electricidad durante un apagón en Villa Clara— ha generado rechazo internacional y relatos de violaciones de derechos humanos, como denuncian organizaciones que recuerdan que su encarcelamiento se dio por protestar y fue prolongado más allá de lo legal.
Mientras cualquier persona común observa que la gente comenta con atención lo sucedido en otros países y su esperanza en el cambio, el Gobierno habla de “la guerra de todo el pueblo”, como si creyera que hasta las abuelas tomarán las armas para defender lo indefendible. Asimismo, mientras Cuba afirma ante la ONU que el servicio militar es “voluntario”, se ignoran los jóvenes que se suicidan o pierden la vida por negligencias durante el servicio obligatorio, y se desmiente la presencia militar de Cuba en conflictos como el de Ucrania, aunque las familias de los fallecidos continúan aumentando.
Mientras el país se desmorona —y se ofrecen salidas negociadas a quienes han causado este desastre—, los discursos oficiales se endurecen: se activa el “estado de guerra”, se presenta la transición como traición y se repite que “aquí nos hundimos todos”, como si este pueblo no hubiera dejado hace tiempo de identificarse con la retórica oficial o no estuviera ya demasiado cansado de la idea de que Nación y Partido son lo mismo.
¿Es tan difícil ver la realidad? ¿Tantos años de poder impiden reconocer lo que este pueblo siente y quiere? ¿La desconexión con los hechos es tan profunda como para pensar que las dictaduras son eternas?
Fuente: Padre Alberto Reyes Pías
Rugido azul en el Latino: Industriales vence a Mayabeque y toma el control del playoff
Hace 17 horas