La Corporación Cimex anunció la promoción de la camioneta china KYC F3 en La Habana, presentada como una opción tanto para uso comercial como personal. Sin embargo, más allá de las especificaciones técnicas, la oferta vuelve a dejar en evidencia uno de los principales problemas del mercado automotor en Cuba: la falta de transparencia sobre precios, moneda de pago y, sobre todo, la viabilidad real de que un ciudadano común pueda adquirir un vehículo de este tipo.
El anuncio, difundido a través del perfil oficial de Cimex en Facebook, informa sobre la disponibilidad del modelo en la agencia ubicada en el municipio Playa. No obstante, la comunicación no precisa si el pago debe realizarse en dólares estadounidenses, en moneda libremente convertible (MLC) o en pesos cubanos, una omisión clave en un país donde el acceso a divisas está limitado para la mayoría de la población.
La KYC F3 es una camioneta ligera de doble cabina, con capacidad para cinco pasajeros y una carga útil máxima cercana a los 745 kilogramos. Está equipada con un motor de 1,6 litros, transmisión manual y tracción 4x2, características que la sitúan como un vehículo orientado a tareas comerciales ligeras y desplazamientos urbanos o interurbanos.
En otros mercados de América Latina y Asia, este modelo se comercializa como una alternativa económica dentro del segmento de camionetas ligeras. Existen versiones de gasolina y diésel, con motorizaciones que pueden alcanzar hasta los 2,0 litros en configuraciones más potentes.
La promoción tampoco aclara si la venta está dirigida exclusivamente a empresas, trabajadores por cuenta propia con determinados ingresos, o si está abierta al público en general. Este tipo de ambigüedad ha sido recurrente en anuncios similares, donde los vehículos terminan siendo accesibles solo para entidades estatales, empresarios vinculados al sector turístico o personas con acceso a remesas y divisas en el exterior.
En un país donde el salario medio estatal ronda cifras que no cubren apenas las necesidades básicas, la posibilidad de que un trabajador cubano promedio pueda adquirir una camioneta nueva resulta, en la práctica, remota. Aun sin un precio oficial claramente divulgado en la promoción, experiencias previas indican que estos vehículos suelen cotizarse en decenas de miles de dólares, una cifra completamente fuera del alcance de la mayoría.
La introducción de modelos como la KYC F3 forma parte de la estrategia del Estado para renovar parcialmente el parque automotor mediante acuerdos con fabricantes chinos. Sin embargo, estas iniciativas no suelen traducirse en una mejora tangible para el transporte personal de la población, sino que refuerzan un mercado segmentado, donde el acceso a bienes duraderos depende casi exclusivamente del acceso a divisas.
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