Calles anegadas por aguas albañales, montones de basura sin recoger y un hedor persistente forman parte del día a día en el barrio de Jesús María, en La Habana Vieja, según muestran videos recientes difundidos en redes sociales por residentes de la zona.
Las grabaciones, publicadas en Facebook por la página DiSa, dedicada a documentar la realidad cotidiana en Cuba, evidencian el avanzado deterioro sanitario en una de las áreas más densamente pobladas y empobrecidas del casco histórico habanero. Las imágenes exponen acumulaciones masivas de desechos en plena vía pública y aguas negras estancadas que ocupan tramos completos de la calle.
En uno de los videos, filmado en una esquina residencial, se observa una montaña de basura doméstica y escombros amontonados junto a viviendas en visible estado de ruina. El autor del material alerta sobre el riesgo de incendios, al recordar que en ese mismo punto los desechos han sido prendidos fuego en ocasiones anteriores, una práctica recurrente ante la ausencia prolongada de recogida por parte de los servicios comunales.
Otro de los videos documenta charcos de aguas residuales mezcladas con basura, obligando a peatones y motociclistas a transitar entre líquidos contaminados y residuos sólidos. La narración que acompaña las imágenes atribuye los vertimientos a fosas desbordadas, lo que apunta al colapso del sistema de alcantarillado en la zona.
Las reacciones no se hicieron esperar. Vecinos y usuarios que comentaron las publicaciones califican la situación como un riesgo permanente para la salud pública y cuestionan la inacción de las autoridades. Muchos coinciden en que escenas similares se repiten en numerosos barrios de la capital, sin que exista una respuesta sostenida ni soluciones estructurales.
La combinación de basura acumulada, aguas residuales expuestas y edificaciones en ruinas crea un entorno propicio para la propagación de enfermedades, en un contexto agravado por brotes recurrentes de dengue y chikungunya, asociados a microvertederos y aguas estancadas.
Lejos de ser un hecho aislado, la crisis de la basura se ha convertido en un problema estructural en La Habana y otras ciudades del país. El propio primer ministro Manuel Marrero Cruz ha reconocido públicamente que el Gobierno “no aprecia resultados” pese a los esfuerzos declarados, mientras camiones recolectores permanecen fuera de servicio y la responsabilidad se traslada, sin recursos, a una población exhausta.
Para muchos cubanos, la imagen de una capital abandonada —comparada incluso con la llamada Ciudad de la Basura de El Cairo— resume un fracaso profundo del Estado, incapaz de garantizar condiciones mínimas de salubridad, y donde la basura no se traduce en reciclaje ni sustento, sino en enfermedad, miseria y desesperanza.
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