Familias cubanas viven una angustia constante por la desaparición de sus seres queridos que, atraídos por promesas de trabajo en Rusia, terminaron en el frente de guerra en Ucrania. Los casos se multiplican y la incertidumbre se convierte en un dolor insoportable que ninguna cifra oficial logra consolar.
Roxana Rosabal, desde La Habana, relató la experiencia de su hermano Yoandry Rosabal Arias. El joven salió de Cuba el 6 de septiembre de 2024 con una oferta laboral en construcción y restauración de edificios que incluía pasaje aéreo, teléfono y un salario de dos millones de rublos, equivalentes a unos 25.000 dólares. Durante semanas, se comunicó por Telegram con su familia, hasta que el 29 de septiembre se perdió todo contacto. Desde entonces, la búsqueda ha sido infructuosa: la Embajada cubana en Moscú le ofreció respuestas ambiguas y el boleto de avión ni siquiera estaba a nombre de su hermano.
El caso de Antonio Rolando Niebla González es aún más desgarrador. Su madre, Yamileth González, recibió en marzo de 2024 una llamada que cambiaría su vida: “Mamá, estoy en la guerra”. Antonio había viajado a Rusia para trabajar y mantener a sus hijas, pero terminó en la línea de fuego como cocinero en el frente ucraniano.
La última comunicación directa con su madre fue el 22 de mayo de 2025. Desde entonces, las versiones sobre su paradero son contradictorias: algunas aseguran que murió hace meses y su cuerpo está en una morgue; otras indican que no aparece en los registros oficiales de bajas. “No tengo una prueba, un papel, nada. Nadie me ha confirmado nada oficialmente”, dijo Yamileth, aunque confiesa sentir que su hijo sigue vivo: “Una madre lo sabe”.
Según el Servicio de Inteligencia de Ucrania (GUR), hasta 20.000 cubanos podrían haber sido reclutados por Rusia para combatir, aunque expertos estiman que la cifra real es menor. Hasta octubre de 2025, el programa “Quiero Vivir” del GUR registró 96 cubanos fallecidos y al menos 54 han sido identificados públicamente. La Inteligencia Exterior de Ucrania confirmó que Rusia continúa reclutando extranjeros, incluidos cubanos, pese a los esfuerzos internacionales de negociación.
Mientras tanto, las familias cubanas permanecen atrapadas entre la desesperación y la incertidumbre. Sin información confiable, sin registros claros y sin reconocimiento oficial por parte del gobierno cubano, el dolor de quienes esperan saber si sus hijos, hermanos o esposos están vivos se vuelve un drama silencioso y constante. Historias como las de Yoandry y Antonio reflejan no solo la vulnerabilidad de los migrantes engañados, sino también el costo humano de la guerra y la indiferencia institucional.
Fuente: Periódico Cubano
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