La presidenta interina de Venezuela Delcy Rodríguez lanzó un mensaje contundente contra la injerencia extranjera al declarar que “ya basta de las órdenes de Washington sobre políticos en Venezuela”, en un discurso dirigido a trabajadores petroleros en Puerto La Cruz. Su llamado a que los conflictos se resuelvan con “política con P mayúscula y con V de Venezuela” busca proyectar una imagen de soberanía y diálogo en medio de una transición política marcada por tensiones internas y fuertes presiones internacionales.
Sin embargo, el discurso soberanista contrasta con una serie de revelaciones que apuntan a un papel decisivo de Estados Unidos en el escenario posterior a la caída del régimen de Nicolás Maduro. Según versiones difundidas por medios internacionales, la administración estadounidense habría tenido un rol central en la operación que terminó con la captura del exmandatario, así como en los contactos previos con figuras clave del chavismo, incluidos Delcy Rodríguez y su hermano Jorge Rodríguez.
Uno de los episodios más polémicos es la filtración de un audio atribuido a la presidenta interina, en el que relata supuestas amenazas directas de funcionarios estadounidenses contra altos cargos del gobierno venezolano. En la grabación, Rodríguez afirma que ella, Diosdado Cabello y Jorge Rodríguez habrían recibido un ultimátum de 15 minutos para cooperar con Washington, bajo la amenaza de ser asesinados. Además, se escucha decir que les comunicaron que Maduro “no estaba secuestrado, sino muerto”, lo que sugiere un escenario de extrema presión durante las horas posteriores a la operación militar.
A esto se suma una investigación periodística que señala contactos secretos previos entre los hermanos Rodríguez y representantes de Estados Unidos y Qatar, en los que habrían expresado disposición a colaborar tras la salida de Maduro del poder. De confirmarse, estos acercamientos revelarían una estrategia de supervivencia política dentro del chavismo, orientada a negociar posiciones en el nuevo equilibrio de poder.
Mientras tanto, Delcy Rodríguez intenta consolidarse como figura de estabilidad, promoviendo un proceso de diálogo con distintos sectores políticos y afirmando que no teme enfrentar las diferencias con Washington. Su gobierno interino busca legitimarse ante una población exhausta por la crisis económica y la incertidumbre institucional, al tiempo que intenta contener fracturas dentro del propio oficialismo.
La paradoja es evidente: un discurso de independencia nacional que convive con señales de dependencia estratégica. En este contexto, el futuro político de Venezuela parece definirse no solo en las mesas de diálogo internas, sino también en negociaciones discretas con actores internacionales que, para bien o para mal, siguen influyendo de forma determinante en el rumbo del país.
Fuentes: Euronews-EFE- Business Connection
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