Las autoridades sanitarias cubanas descartaron este lunes la existencia de una epidemia de hepatitis A en el país, pese a los brotes reportados recientemente en varias provincias y al deterioro creciente del sistema de salud en medio de la crisis económica y energética que atraviesa la isla.
El viceministro de Salud Pública, Julio Guerra, aseguró que “la situación epidemiológica en Cuba no ha variado” y negó que exista una epidemia nacional, aunque reconoció que la situación sanitaria es “muy compleja”.
Los contagios de hepatitis A fueron reportados entre marzo y abril en territorios como Matanzas, Pinar del Río y Camagüey, donde se detectaron casos en varios municipios. La enfermedad, transmitida principalmente por vía fecal-oral y asociada a problemas de higiene y contaminación del agua, ha generado preocupación entre la población en medio del deterioro de los servicios básicos.
Las declaraciones oficiales llegan mientras hospitales y centros médicos continúan enfrentando apagones, escasez de medicamentos y falta de recursos esenciales. La crisis energética que afecta a Cuba desde 2024 ha obligado al régimen a aplicar recortes en servicios considerados no prioritarios, incluyendo parte de la atención médica.
El propio viceministro admitió que las dificultades materiales impiden reducir la extensa lista de pacientes pendientes de cirugía en el país. Según cifras oficiales divulgadas previamente por el Ministerio de Salud, más de 96 mil personas esperan actualmente por una operación, incluidos más de 11 mil menores de edad.
Aunque las autoridades aseguran que se mantienen las intervenciones de urgencia y los tratamientos oncológicos, numerosos cubanos denuncian retrasos médicos, falta de insumos y deterioro de las condiciones hospitalarias.
La preocupación sanitaria se incrementa además por el antecedente de la epidemia de dengue y chikunguña que golpeó la isla durante 2025. Datos de la Organización Panamericana de la Salud reportaron más de 81 mil contagios y decenas de fallecidos durante ese período.
El régimen reconoció oficialmente la epidemia meses después de detectados los primeros casos, lo que generó críticas por la falta de transparencia informativa y la demora en alertar a la población.
Ahora, las autoridades aseguran prepararse para el verano, etapa en la que tradicionalmente aumentan las enfermedades transmitidas por mosquitos, especialmente el dengue.
El Ministerio de Salud también reconoció problemas continuos en el abastecimiento de medicamentos e insumos médicos. Según funcionarios cubanos, las limitaciones para importar productos y la reducción de operaciones marítimas y aéreas afectan el suministro nacional.
El cuadro básico de medicamentos en Cuba incluye más de 650 productos, muchos de ellos dependientes de importaciones que actualmente enfrentan dificultades logísticas y financieras.
Mientras el régimen insiste en responsabilizar al embargo estadounidense de buena parte de la crisis, numerosos especialistas y ciudadanos señalan décadas de mala gestión estatal, deterioro de la infraestructura y centralización económica como factores clave del colapso progresivo del sistema sanitario cubano.
(Con información de EFE)
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