La inestabilidad del sistema electroenergético nacional ha obligado a numerosos emprendedores cubanos a buscar alternativas para sostener sus operaciones diarias. En medio de apagones prolongados y cortes imprevistos, la comercialización de baterías de litio estacionarias se ha convertido en una opción cada vez más visible dentro del sector privado, especialmente entre las micro, pequeñas y medianas empresas (Mipymes).
En redes sociales y espacios digitales de compra y venta se ofertan sistemas de almacenamiento energético pensados para negocios que no pueden permitirse largas interrupciones. Restaurantes, cafeterías, panaderías y pequeños comercios dependen de la refrigeración constante y del uso de equipos eléctricos para garantizar su funcionamiento. Ante este panorama, las baterías de tecnología LiFePO4 de 15 kWh destacan como una alternativa capaz de proporcionar entre ocho y doce horas de autonomía, dependiendo del nivel de consumo.
Estos equipos, diseñados principalmente para sistemas solares residenciales, operan con un voltaje nominal de 51.2V y una capacidad de 300 Ah. Los fabricantes estiman una vida útil que puede oscilar entre 6.000 y 10.000 ciclos de carga con una profundidad de descarga del 80%, lo que representa varios años de uso bajo condiciones adecuadas. El precio de mercado ronda entre 2.450 y 3.000 dólares, una inversión considerable en el contexto económico cubano.
No obstante, el incremento en la instalación de estos dispositivos también ha generado nuevos retos. La Empresa estatal Unión Eléctrica de Cuba ha alertado que la carga simultánea de múltiples baterías tras el restablecimiento del servicio puede provocar sobrecargas en transformadores y fluctuaciones de voltaje. En algunos barrios de La Habana se han reportado averías asociadas a esta práctica.
Especialistas recomiendan incorporar inversores híbridos que prioricen la energía solar y programar horarios escalonados de carga, preferiblemente en la madrugada, para disminuir la presión sobre la red. También se sugiere el uso de aplicaciones de monitoreo que permitan regular el flujo eléctrico y evitar picos de demanda.
Más allá del desafío energético, el entorno para emprender continúa siendo complejo. La escasez de materias primas, el alza sostenida de precios y la incertidumbre regulatoria afectan la estabilidad de los negocios. A ello se suman cargas tributarias significativas y un marco normativo cambiante que dificulta la planificación a largo plazo.
En este escenario, la apuesta por soluciones tecnológicas refleja tanto la resiliencia de los emprendedores como la magnitud de los obstáculos estructurales que enfrentan en su día a día.
Fuente: Periódico Cubano
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