El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Unión Europea anunciaron avances en varios proyectos de energías renovables destinados a fortalecer la producción agrícola en Cuba, especialmente mediante sistemas de riego alimentados con energía solar.
De acuerdo con información divulgada por Prensa Latina, el proyecto Alass —Autoabastecimiento Local para una Alimentación Sostenible y Sana— ha permitido incorporar sistemas de riego en 123 hectáreas agrícolas de municipios ubicados en las provincias de Villa Clara y Sancti Spíritus.
La iniciativa cuenta con una financiación superior a los 13 millones de euros y forma parte del programa de Apoyo Estratégico a la Seguridad Alimentaria Sostenible en Cuba impulsado junto a la Unión Europea.
Según los datos oficiales, el proyecto beneficia actualmente a decenas de productores mediante la instalación de molinos de viento, bombas solares y sistemas fotovoltaicos para riego agrícola.
Las autoridades cubanas señalaron que el objetivo es ampliar las áreas bajo riego hasta alcanzar 323 hectáreas, dentro de un plan nacional que prevé incrementar el uso de energías renovables en el sector agropecuario.
Yasser Díaz, especialista de la Dirección de Ingeniería Agropecuaria del Ministerio de la Agricultura, reconoció que actualmente menos del 10 % de las áreas cultivables del país cuentan con sistemas de riego.
El funcionario destacó que el uso de fuentes renovables permitiría mejorar los rendimientos agrícolas, reducir la dependencia energética y garantizar mayor estabilidad en el abastecimiento de agua para la producción y la ganadería.
Además del proyecto Alass, otras iniciativas de cooperación internacional incluyen la instalación de sistemas de energía renovable en comunidades rurales aisladas y la donación de paneles solares destinados a hospitales cubanos.
Entre ellas figura una contribución del gobierno de Japón para dotar de energía fotovoltaica a centros hospitalarios de varias provincias, con el propósito de garantizar electricidad en áreas críticas como quirófanos y salas de terapia intensiva.
Pese a estos programas, Cuba continúa enfrentando una profunda crisis alimentaria marcada por la caída de la producción agrícola, la escasez de combustible y las dificultades para garantizar el abastecimiento de alimentos básicos.
Estudios recientes sobre inseguridad alimentaria han reflejado un deterioro significativo en el acceso a los alimentos por parte de la población cubana, mientras datos oficiales muestran una reducción sostenida en producciones como arroz, leche, carne de cerdo y frijoles durante los últimos años.
Actualmente, Cuba depende en gran medida de importaciones para cubrir el consumo nacional de alimentos, en un contexto económico caracterizado por limitaciones energéticas, inflación y dificultades productivas en el sector agropecuario.
Fuentes: Prensa Latina y CiberCuba
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