En plena crisis nacional, Cuba enfrenta una de sus situaciones más vergonzosas: no hay agua ni para apagar incendios. En las últimas horas, en el reparto Saratoga de Camagüey, un incendio estalló y dejó al descubierto la cruda realidad: los bomberos, impotentes, se quedaron sin agua en medio de la candela.
En lugar de combatir las llamas con mangueras, intentaban sofocarlas con extintores. Una imagen que retrata perfectamente el nivel de abandono y desorganización en el que se encuentra el país bajo el mando de Miguel Díaz-Canel.
Esta no es una historia aislada. La escasez de agua en Cuba no solo afecta a los hogares, sino también a los servicios esenciales. Zonas enteras pasan días —hasta semanas— sin suministro.
Hospitales, escuelas y centros de trabajo operan en condiciones infrahumanas. Pero lo más alarmante es que ni siquiera los servicios de emergencia pueden responder adecuadamente a una crisis por falta de recursos básicos.
Mientras el gobierno sigue culpando al "bloqueo", la realidad es que lo que hay es un desastre de gestión. No hay planificación, no hay mantenimiento de las infraestructuras, no hay inversión en servicios básicos. Solo represión, discurso vacío y una cúpula que vive desconectada del sufrimiento del pueblo.
Díaz-Canel prometió continuidad. ¡Y vaya si la ha cumplido!... continuidad del desastre, de la ineficiencia, del abandono. Continuidad de un sistema que ya no tiene ni agua para apagar un fuego. Cuba no se está quemando solo en sentido literal, también arde en frustración, abandono y rabia.
Fuente: DIAZ CANEL SIN GAO
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