Mientras Cuba atraviesa uno de los peores momentos de su crisis energética, con apagones prolongados que paralizan la vida cotidiana, la Oficina de Turismo de Cuba en Londres difundió este viernes un mensaje que describe una realidad completamente distinta. Dirigido al público extranjero, el comunicado asegura que los hoteles de la Isla operan con plena autonomía energética, respaldados por sistemas independientes y generadores con combustible “garantizado”.
Según esa versión oficial, el impacto de los apagones en el sector turístico estaría “significativamente reducido”, como si el colapso eléctrico fuera un problema puntual y no una crisis estructural que afecta a todo el país. La nota afirma que las operaciones hoteleras se desarrollan sin contratiempos, que la demanda turística se mantiene estable y que siguen llegando reservas desde diversos mercados internacionales.
Incluso se habla de una supuesta “mejora en la percepción global del destino Cuba”, una afirmación que contrasta con la realidad interna: millones de cubanos enfrentan apagones de más de 20 horas diarias, escasez de alimentos, falta de transporte y una vida doméstica marcada por la incertidumbre. La imagen que se proyecta es la de dos Cubas paralelas: una iluminada y funcional para el turismo, y otra sumida en la oscuridad para sus propios ciudadanos.
El tono triunfalista continúa al señalar que los visitantes han ofrecido una retroalimentación más positiva que el año anterior. Mientras tanto, en los hogares cubanos se apagan cocinas, se echan a perder los alimentos y los refrigeradores permanecen inútiles durante largas horas sin electricidad.
El comunicado también menciona que casas particulares y negocios privados vinculados al turismo han adoptado medidas para sortear los apagones, como si el esfuerzo individual pudiera compensar el deterioro de un sistema eléctrico abandonado durante décadas. Para reforzar su discurso, el régimen expone cifras: asegura que el 55% de la electricidad nacional proviene de petróleo y gas producidos en la Isla y que existen más de 1.039 MW de capacidad fotovoltaica instalada. Sin embargo, esos números no se reflejan en una mejora tangible para la población.
Además, se anuncian proyectos de almacenamiento con baterías solares y alianzas con “socios estratégicos”, sin plazos definidos ni impacto visible. El mensaje se completa con garantías sobre la situación sanitaria, el abastecimiento de alimentos para la temporada alta y la normalidad de los vuelos internacionales.
Todo esto ocurre mientras el propio Miguel Díaz-Canel reconoce que el país ha retrocedido a los peores años del Período Especial y admite que desde diciembre de 2025 no llega petróleo venezolano a la Isla. La contradicción es clara: generadores encendidos para los hoteles, apagones interminables para el pueblo. Un modelo que prioriza divisas y visitantes, mientras sigue sacrificando a quienes viven en Cuba cada día.