En una noche marcada por la nostalgia y las carcajadas, el humor volvió a demostrar que puede ser también un vehículo de verdades incómodas. Durante la presentación en Miami de la película Aída y Vuelta, el comediante cubano Alexis Valdés convirtió un elogio artístico en una frase que resonó más allá del teatro y de la pantalla: una broma que, entre risas, apuntó directamente a la realidad cubana.
Valdés, conocido por su ironía afilada y su capacidad para leer a su público, se dirigió al actor y director español Paco León destacando su talento. Pero el comentario no se quedó en lo cinematográfico. Al sugerir, en tono jocoso, que León podría “dirigir Cuba”, el humorista transformó la presentación de una comedia en un momento de crítica social disfrazada de chiste. El público, mayoritariamente cubano, entendió el mensaje sin necesidad de explicaciones.
Paco León respondió desde la emoción y el afecto, evitando entrar en terrenos políticos explícitos, pero reconociendo algo esencial: la conexión profunda entre Aída y los cubanos. Durante años, esa serie fue más que entretenimiento. Fue compañía, escape y alivio en medio de apagones, carencias y rutinas difíciles. Para muchos, reír con Luisma, Aída o Barajas era una forma de resistir.
Ese vínculo explica por qué Aída y Vuelta se vive de manera distinta cuando hay cubanos en la sala. La película no solo revive personajes queridos, sino una época en la que el humor servía como anestesia colectiva frente a la dureza cotidiana. De ahí también la carga simbólica del comentario de Valdés: la risa como espejo de una frustración acumulada.
El hecho de que la película no tenga un estreno oficial en Cuba añade otra capa al asunto. No por falta de interés del público, sino por las barreras políticas que siguen condicionando el acceso a la cultura. Aun así, como tantas otras veces, los cubanos encontrarán la manera de verla, porque la creatividad también ha sido una forma de supervivencia.
Al final, lo ocurrido en Miami dejó claro algo: cuando un país atraviesa una crisis prolongada, incluso los chistes cargan peso. La broma de Alexis Valdés no hablaba realmente de cine ni de directores, sino de un guion nacional agotado, repetido durante décadas, que ya no convence ni a quienes lo protagonizan.
Y así, entre aplausos y risas, quedó flotando una certeza: a veces el humor no propone soluciones, pero sí señala el problema con una claridad que muchos discursos no logran.
Fuente: Alexis Valdés