El cementerio municipal de Mayabe, en la provincia de Holguín, ha dejado de ser un espacio de recogimiento y memoria para convertirse en un ejemplo visible del abandono y la desidia que afectan a muchos camposantos en Cuba. Según reportó Radio Holguín la Nueva, los nichos rotos, osarios descuidados y restos óseos expuestos son escenas comunes, que reflejan no solo el deterioro físico, sino también la fractura de la ética pública en torno a la preservación de la memoria de los difuntos.
Las imágenes difundidas muestran ataúdes destrozados, panteones abiertos y un entorno que ha perdido toda condición de respeto. La causa no es fortuita: la falta de recursos, el colapso de los servicios funerarios y la ausencia de políticas efectivas han convertido lo que debería ser un espacio sagrado en un escenario de profanación sistemática. Cuando el Estado no garantiza condiciones mínimas de vida, tampoco asegura la dignidad después de la muerte.
La situación de Mayabe no es un caso aislado. En Camagüey, el Cementerio General enfrenta un deterioro similar: bóvedas destruidas, nichos abiertos y escombros acumulados han transformado el lugar en un escenario de desolación. En Las Tunas, en el Cementerio "Vicente García", familiares han denunciado la desaparición de urnas y restos mortales, mientras que en Matanzas, el cementerio San Rafael muestra osarios abiertos y capillas destruidas, según reportes de vecinos y medios locales. La profanación de tumbas, incluyendo el robo de huesos para prácticas de brujería o la venta de objetos funerarios, se ha vuelto una práctica recurrente en varias provincias.
Más allá del daño material, el abandono de los cementerios tiene un impacto humano y cultural profundo. La continuidad de la memoria se quiebra, la identidad familiar se vulnera y el dolor de los parientes, muchos de ellos emigrados o sin recursos para custodiar los sepulcros, se multiplica. Lo que en otros tiempos fue un espacio sagrado para honrar a los muertos se ha convertido en un reflejo de la incapacidad del Estado para proteger los derechos básicos, incluso después de la muerte.
Mientras no exista una supervisión efectiva, mantenimiento adecuado y políticas públicas que garanticen la dignidad de los difuntos, los cementerios cubanos seguirán siendo escenario de saqueo y profanación. La crisis de Mayabe es, en última instancia, un síntoma de un sistema que no cuida ni a los vivos ni a los muertos.
Fuente: Radio Holguín la Nueva