El Gobierno cubano anunció que la 34ª Feria Internacional del Libro de La Habana, prevista del 12 al 22 de febrero de 2026, queda pospuesta sin fecha definida, en medio de la creciente crisis energética que afecta al país. La decisión fue confirmada por el Instituto Cubano del Libro, que atribuyó el aplazamiento al “desabastecimiento agudo de combustible”, justificando así la suspensión de uno de los eventos culturales más importantes de la isla.
En el comunicado oficial, como es habitual, el régimen responsabilizó a Estados Unidos del retraso, mencionando un supuesto “bloqueo genocida” y “escalada de agresiones”. Sin embargo, para la ciudadanía y los analistas independientes, la medida refleja principalmente la incapacidad estructural del Estado para sostener actividades culturales y garantizar servicios básicos como electricidad, transporte y suministro de combustible.
La Feria del Libro de La Habana, que reúne cada año a miles de personas, autores y editores, representa uno de los pocos momentos en que los cubanos acceden masivamente a la literatura y a eventos culturales, a pesar de las restricciones y el control político presente en cada edición. Este aplazamiento marca la segunda suspensión en la historia del evento, después de la que se produjo durante la pandemia de COVID-19, y evidencia el deterioro que afecta a la isla en el presente.
El aplazamiento de la Feria se suma a otros signos del colapso: clases suspendidas, universidades semiparalizadas, transporte limitado y apagones prolongados, que muestran cómo sectores fundamentales como cultura, educación y economía quedan relegados ante la falta de soluciones efectivas.
La ciudadanía interpreta este tipo de medidas como un reflejo de la gestión estatal: promesas y discursos abundan, pero la vida cotidiana se deteriora. Para los cubanos, el aplazamiento de la Feria del Libro es un recordatorio de que la crisis no es causada por factores externos, sino por décadas de mala administración y desinterés por la calidad de vida de la población.
En resumen, mientras el discurso oficial habla de ferias y proyectos culturales, la realidad muestra que en la Cuba de 2026 no hay combustible, luz ni libros, y el aplazamiento de este evento emblemático evidencia la profundidad del colapso en la isla.