El embajador de Estados Unidos en Cuba Mike Hammer describió sin eufemismos la gravedad del momento que vive el país: Cuba ya no está al borde del abismo, sino dentro de él. Así lo afirmó en una entrevista concedida al comunicador Enrique Santos, una conversación que ha resonado con fuerza dentro y fuera de Cuba por su tono directo y profundamente humano.
Para Hammer, la crisis energética no es un episodio pasajero ni una coyuntura más, sino el reflejo de un colapso estructural que atraviesa todos los aspectos de la vida cotidiana. Los apagones prolongados, explicó, han dejado de ser una excepción y se han convertido en la norma en amplias zonas del país, especialmente en las provincias. Lo que antes parecía lejano para La Habana hoy se vive también en la capital.
El diplomático relató escenas que resumen el nivel de precariedad: familias que organizan su rutina alrededor de las pocas horas de electricidad disponibles, personas que duermen pendientes de que regrese la corriente de madrugada para poder cocinar o lavar, y comunidades enteras atrapadas en una espera constante. No habló desde estadísticas, sino desde las historias que ha escuchado en sus recorridos por el país, vivencias en las que ha compartido con ese cubano de a pie que el gobierno se niega a escuchar.
Hammer también apuntó a la fragilidad de la red eléctrica nacional y recordó que la salida de las centrales flotantes turcas —las llamadas patanas— fue una señal clara de que el sistema estaba al límite. Según explicó, la incapacidad del Estado cubano para sostener esos acuerdos evidenció que el problema no es externo, sino interno y acumulado durante años.
Más allá del diagnóstico técnico, la entrevista reveló una línea diplomática poco habitual: escuchar y caminar. Desde su llegada, Hammer ha visitado ciudades del oriente y el centro del país, ha conversado con ciudadanos comunes, líderes religiosos y activistas, y ha intentado acercarse a familias golpeadas por la represión. En esos gestos, muchos ven una diplomacia basada más en el contacto humano que en los salones oficiales.
Aun así, su mensaje no fue únicamente de denuncia. En medio del cansancio y la oscuridad, Hammer percibe que todavía existe una reserva de esperanza en la sociedad cubana. Pero dejó claro que esa esperanza no puede sostenerse indefinidamente sin cambios reales.
Cuando afirmó que “ya hay un colapso”, no lo hizo como una consigna política, sino como una constatación dolorosa. Una frase breve que resume el sentir de millones de cubanos y que, tras la entrevista con Enrique Santos, ha quedado flotando como una verdad difícil de ignorar.