La tensión entre Estados Unidos y Cuba vuelve a escalar, esta vez con un impacto directo en el suministro energético que mantiene en vilo a la población cubana. Declaraciones recientes desde la embajada estadounidense en La Habana apuntan a un endurecimiento de las restricciones que afectan la entrada de petróleo a la Isla, lo que podría profundizar la ya grave crisis económica y social que atraviesa el país.
Durante una reunión interna con personal diplomático, el encargado de Negocios de Estados Unidos en Cuba Mike Hammer, habría advertido que la situación se tornará más severa en los próximos meses.
Según trascendió en medios internacionales, el funcionario alertó que el flujo de recursos esenciales, especialmente el combustible, podría reducirse drásticamente, marcando lo que describió como un “bloqueo real” en términos prácticos.
Cuba depende en gran medida del petróleo importado para sostener su sistema eléctrico, el transporte y sectores clave de la economía. Históricamente, Venezuela ha sido su principal proveedor, pero el declive de ese apoyo, sumado a la presión diplomática de Washington sobre otros países aliados, ha dejado a la Isla con opciones cada vez más limitadas. Analistas energéticos coinciden en que una interrupción total del suministro tendría consecuencias inmediatas, desde apagones prolongados hasta un colapso productivo generalizado.
En las calles, los efectos ya son visibles. Largas filas en gasolineras, cortes eléctricos constantes y dificultades para el transporte público se han convertido en parte de la rutina diaria de los cubanos. La falta de combustible también impacta la distribución de alimentos y medicamentos, agravando la precariedad de los servicios básicos.
Mientras tanto, el gobierno cubano ha respondido con un discurso de resistencia. Las autoridades han llamado a la población a prepararse ante lo que consideran una ofensiva externa, reforzando ejercicios militares y mensajes de movilización nacional. Sin embargo, expertos señalan que la infraestructura del país se encuentra en condiciones críticas y que la capacidad de respuesta es limitada.
En el plano internacional, México —uno de los pocos países que aún mantenía cooperación energética con Cuba— decidió pausar temporalmente el envío de petróleo, priorizando evitar represalias comerciales por parte de Estados Unidos. No obstante, su gobierno ha dejado abierta la posibilidad de canalizar ayuda humanitaria directa a la población cubana.
El deterioro acelerado de las condiciones de vida ha encendido las alarmas entre observadores y analistas, quienes advierten que un escenario de mayor escasez podría desembocar en protestas sociales similares a las registradas en julio de 2021. La evolución de esta crisis energética será clave para el futuro inmediato de Cuba y su estabilidad interna.
Fuente: Periódico Cubano