La muerte de Bruno Rogelio Nápoles Collazo no solo apagó una guitarra imprescindible dentro de la música cubana contemporánea; dejó, además, un vacío íntimo y profundo en el corazón de Alexander Abreu. No fue una despedida cualquiera. Fue el adiós a un hombre que marcó su vida cuando todavía era un muchacho con sueños grandes y caminos inciertos.
Alexander Abreu, trompetista, cantante, director y alma de Havana D’Primera, no habló desde la pose pública del artista consagrado, sino desde la herida abierta del ser humano agradecido. En un mensaje cargado de memoria y afecto, recordó aquel instante decisivo de su juventud, cuando con apenas 18 años se dirigía a una prueba de sonido y recibió de Bruno una frase sencilla, pero definitiva: no permitir que nadie apagara sus sueños. Esa advertencia, dicha con ternura y autoridad, se convirtió en brújula: "Vuela, vuela y vuela, mi Puro".
La relación entre ambos trascendió el escenario. Bruno Nápoles no fue solo un guitarrista excepcional ni un compañero de banda: fue guía, refugio y ejemplo. Por eso, cuando Abreu lo nombra como “padre”, no habla desde la metáfora fácil, sino desde una verdad emocional construida a lo largo de los años, entre acordes, silencios y aprendizajes compartidos.
El dolor de su partida resonó más allá de una sola voz. La comunidad artística cubana reaccionó como una familia que pierde a uno de sus pilares. Músicos y cantantes de distintas generaciones coincidieron en algo esencial: Bruno no solo tocaba bien, era bueno. Su talento convivía con una ética humana que lo hacía inolvidable.
Graduado de la Escuela Nacional de Arte, habanero de nacimiento y músico por vocación profunda, Nápoles dejó huella tanto en los estudios como en los afectos. Quienes compartieron con él lo recuerdan como un creador generoso, respetado y admirado incluso antes de que la fama lo alcanzara.
La despedida de Alexander Abreu resume el sentir colectivo: no hay palabras suficientes cuando se va alguien que ayudó a formar, a creer y a resistir. Queda la música, queda el ejemplo y queda la gratitud. Mientras sus canciones sigan sonando, Bruno Rogelio Nápoles Collazo no se habrá ido del todo.
Fuente: Alexander Abreu
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