La violencia volvió a estremecer a Santiago de Cuba con un caso que genera indignación y conmoción. Tres hombres fueron condenados a cadena perpetua por el asesinato de un motorista; un crimen cometido con extrema brutalidad y motivado únicamente por el robo de un vehículo para venderlo por piezas en el mercado ilegal.
Según la información divulgada por la Fiscalía Provincial, los acusados actuaron de manera planificada. No fue un arrebato ni una pelea fortuita, sino un acto deliberado en el que cada uno asumió un rol específico. Eligieron un lugar oscuro y apartado, coordinaron la vigilancia y salieron en busca de una víctima al azar. El objetivo era claro: robar una moto, sin importar el costo humano.
La víctima fue contactada en las cercanías de la Plaza de la Revolución "Antonio Maceo". Con engaños, le pidieron un traslado hasta un punto donde supuestamente los esperaba otra persona. Durante el trayecto, uno de los agresores lo atacó por la espalda con un cuchillo mientras aún conducía. La herida inicial fue devastadora, perforando órganos vitales. Luego, entre los dos atacantes, le infligieron alrededor de 27 heridas, una violencia desproporcionada que evidencia la crueldad del acto.
Mientras el cuerpo del motorista quedaba abandonado, el tercer implicado se apoderó del vehículo y huyó. Posteriormente, los acusados desmontaron la moto para vender sus piezas, una práctica cada vez más común en un contexto de escasez, pobreza y mercado negro en expansión.
Durante el juicio celebrado en el Tribunal Provincial Popular de Santiago de Cuba, el fiscal solicitó la sanción máxima prevista por la ley cubana para el delito de asesinato. El tribunal acogió la petición y dictó privación perpetua de libertad para los tres implicados, además de sanciones accesorias de privación de derechos.
Este crimen pone en evidencia una realidad alarmante: el aumento de hechos violentos asociados a robos, especialmente de motos, que se han convertido en bienes de alto valor en la economía informal. También refleja cómo la crisis económica, la desesperación y la normalización del mercado ilegal están cobrando vidas humanas.
Más allá de la condena judicial, queda el dolor irreparable de una familia y una pregunta que resuena con fuerza en la sociedad cubana: ¿cuántas vidas más se perderán antes de que la violencia deje de ser parte cotidiana de la supervivencia? Este caso no es solo una sentencia, es una señal de alerta.
Fuente: Fiscalía Provincial de Santiago de Cuba
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