Los periodistas Henry Constantín, director de La Hora de Cuba, y Alejandra García, colaboradora del mismo medio, fueron liberados este martes tras permanecer detenidos e interrogados durante varias horas en la Tercera Unidad de la Policía (PNR) en Camagüey.
Fuentes cercanas a la redacción confirmaron que ambos recibieron cartas de advertencia por parte de las autoridades, un mecanismo recurrente de intimidación utilizado para condicionar y limitar la labor del periodismo independiente en la Isla. A pesar de la detención, no se ofreció información oficial sobre los motivos legales ni se permitió contacto con familiares o abogados durante el arresto, manteniéndolos incomunicados.
La detención se produce en un contexto de hostigamiento sistemático a comunicadores independientes, que se intensifica en momentos de visitas diplomáticas, como ocurrió recientemente con la presencia en Camagüey del diplomático estadounidense Mike Hammer, jefe de misión de Estados Unidos en La Habana. Durante esa jornada, varias personas fueron interceptadas o detenidas al salir del domicilio de Constantín, evidenciando un cerco policial diseñado para limitar la circulación de información y contactos.
La liberación de los periodistas pone fin, por ahora, a este episodio represivo, pero las cartas de advertencia reflejan la vigilancia constante a la que están sometidos quienes ejercen el periodismo crítico en Cuba. Estos hechos contrastan con declaraciones del presentador oficialista Humberto López, quien asegura que “en Cuba no se persiguen opositores políticos”. La realidad, según denuncias de múltiples organizaciones de prensa y derechos humanos, muestra que la intimidación, la detención arbitraria y el hostigamiento son herramientas frecuentes para silenciar voces independientes.
La Hora de Cuba agradeció las muestras de solidaridad recibidas y reiteró su denuncia frente a estas prácticas represivas, responsabilizando al Estado cubano por cualquier daño físico o psicológico derivado de estas acciones. La liberación de Constantín y García demuestra que, aunque temporalmente concluya un operativo, la presión sobre el periodismo independiente en Cuba persiste, evidenciando un clima de censura que contradice la versión oficial de un país “estable y sin persecuciones políticas”.
Este nuevo episodio refuerza la preocupación por la falta de garantías básicas para la libertad de expresión, un derecho constitucional que, en la práctica, sigue siendo sistemáticamente vulnerado en la Isla.
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