Mariela Castro Espín, directora del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX) y figura influyente ligada al poder en Cuba, afirmó este 3 de febrero que “con el imperialismo y todas sus facetas no hay posibilidad de negociar”, aunque reconoció que existe un espacio limitado para el diálogo. La declaración se produjo en una entrevista con el medio Resumen Latinoamericano, en medio de un contexto de tensiones crecientes entre La Habana y Washington.
Castro, hija del expresidente Raúl Castro, reiteró un discurso confrontativo que ha marcado históricamente las relaciones entre los dos países, defendiendo la soberanía y los principios del modelo cubano como innegociables. Según la funcionaria, cualquier acercamiento con Washington debe excluir la discusión sobre la Constitución o el sistema económico y político de la Isla.
En sus declaraciones, Mariela Castro empleó un lenguaje severo contra el presidente estadounidense, calificándolo con dureza —según algunos medios— como un “psicópata” con rasgos “fascistas” y criticando lo que describió como intentos de apropiación de recursos como el petróleo venezolano por parte de EE. UU. En su visión, esa política habría tenido como objetivo “desmantelar” la resistencia cubana pero, según ella, solo reforzaría la unidad interna frente a presuntas agresiones externas.
La dirigente cubana también defendió la continuidad de una estrategia de defensa nacional centrada en lo que describió como la “doctrina de la guerra de todo el pueblo”, orientada a preparar a la población para enfrentar distintas formas de agresión. Este enfoque, señaló, no implica una postura agresiva de Cuba, sino una defensa frente a presiones externas.
Estas declaraciones reflejan cómo la narrativa oficial cubana sigue priorizando la confrontación ideológica con Estados Unidos en lugar de la cooperación bilateral, aun cuando organismos internacionales y actores políticos han subrayado la importancia de mantener canales de diálogo para aliviar tensiones y abordar desafíos comunes.
Críticos de esta postura señalan que el énfasis en la resistencia y la confrontación no necesariamente responden a las necesidades más urgentes de la población cubana, que enfrenta dificultades económicas, limitaciones en libertades civiles y una creciente emigración. Sin embargo, Mariela insiste en un lenguaje retórico duro que solo puede profundizar las divisiones y obstaculizar soluciones prácticas a problemas estructurales.
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