La captura de Nicolás Maduro en territorio venezolano fue el resultado de una compleja operación militar y de inteligencia sin precedentes recientes en América Latina. Aunque el despliegue incluyó unidades de élite y un amplio arsenal aéreo, fuentes citadas por medios estadounidenses coinciden en que el factor determinante fue la labor de inteligencia desarrollada durante meses por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), que logró infiltrar a un informante clave dentro del propio aparato del poder chavista.
De acuerdo con reconstrucciones publicadas por The New York Times y CNN, un pequeño equipo de la CIA ingresó de forma encubierta en Caracas a finales del verano pasado. Su misión consistía en establecer contactos y evaluar posibles fisuras dentro del Gobierno venezolano. Tras semanas de trabajo, los agentes lograron reclutar a una fuente con acceso directo a información sensible sobre la rutina, los desplazamientos y los sistemas de seguridad que protegían a Maduro.
Esa información permitió a Washington reconstruir con precisión los movimientos del líder chavista: dónde se alojaba, qué instalaciones utilizaba con mayor frecuencia y cuáles eran los patrones de su escolta, integrada en parte por personal cubano. Los datos fueron clave para identificar la ubicación exacta en la que Maduro y su esposa, Cilia Flores, pasaban la noche en una instalación militar cercana a Caracas.
La operación culminó con la intervención de un comando de fuerzas especiales estadounidenses, que logró capturar al mandatario antes de que alcanzara una habitación reforzada diseñada para resistir ataques. Posteriormente, Maduro fue trasladado a Nueva York, donde enfrenta cargos por narcoterrorismo, según la acusación formal presentada por la fiscal general Pam Bondi.
Semanas antes de la captura, el Gobierno estadounidense había elevado hasta 50 millones de dólares la recompensa por información que condujera a la detención de Maduro. Exfuncionarios citados por la prensa señalan que ese incentivo económico fue decisivo para que se produjera la colaboración interna que permitió cerrar el cerco sobre el presidente venezolano.
La inteligencia recabada no se limitó a aspectos logísticos. Según el general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto, los agentes llegaron a conocer detalles minuciosos del estilo de vida de Maduro, desde sus hábitos alimenticios y de vestimenta hasta aspectos personales como sus mascotas. Esa radiografía completa permitió anticipar con precisión el momento y el lugar más vulnerables para ejecutar la operación, denominada por la Casa Blanca como “Resolución Absoluta”.
La presencia de la CIA en Venezuela no fue casual. Meses antes, el presidente Donald Trump había autorizado operaciones encubiertas como parte de una estrategia más amplia contra lo que Washington define como un “narcoestado”. Estados Unidos acusa al régimen venezolano de colaborar con organizaciones criminales como el Tren de Aragua y el Cartel de Sinaloa para introducir drogas en su territorio.
En ese contexto, la infiltración en el núcleo del poder chavista marcó un punto de inflexión. Más allá del impacto militar, la operación dejó al descubierto la vulnerabilidad interna del régimen venezolano y confirmó que la inteligencia, más que la fuerza bruta, fue el elemento decisivo para la caída de Nicolás Maduro.
(Con información de El País)
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