Tras la captura de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, surgieron interrogantes sobre por qué la operación estadounidense no se extendió a otros altos dirigentes del chavismo, como el ministro del Interior, Diosdado Cabello, y el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, ambos reclamados por la justicia de Estados Unidos y con recompensas millonarias por su detención. El secretario de Estado, Marco Rubio, ofreció una explicación directa: la misión tenía límites claros y no estaba concebida como una ocupación del país.
En una entrevista concedida al programa Face the Nation de la cadena CBS, Rubio rechazó que se tratara de una omisión o de un cambio de prioridades. Según explicó, Cabello y Padrino López continúan en el poder, y capturarlos habría requerido una presencia militar prolongada en Venezuela. “No puedes entrar y llevártelos a todos. Todavía están en funciones”, afirmó el jefe de la diplomacia estadounidense.
Rubio defendió la operación que culminó con la detención de Maduro como una acción quirúrgica, diseñada para ejecutarse en un tiempo mínimo y con el mayor nivel de precisión posible. El objetivo, subrayó, era evitar bajas estadounidenses y prevenir una escalada militar de grandes proporciones. “Hablamos de aterrizar helicópteros en cuestión de minutos dentro de una base militar, entrar, detener al objetivo y salir del país sin perder a ningún soldado ni recurso. Eso no es sencillo”, explicó.
El secretario de Estado calificó la misión como una de las más complejas y arriesgadas realizadas por Estados Unidos en años recientes. Añadió que intentar operaciones simultáneas contra otros dirigentes chavistas en distintos puntos del país habría implicado permanecer en Venezuela durante días, con consecuencias políticas y militares imprevisibles. “Pretender hacer lo mismo en varios lugares al mismo tiempo sería absurdo”, sentenció.
Rubio insistió en que la captura de Maduro no significa que otros altos funcionarios hayan dejado de ser objetivos judiciales. Recordó que tanto Cabello, acusado de narcotráfico y con una recompensa de 25 millones de dólares, como Padrino López, por quien se ofrecen 15 millones, siguen imputados en tribunales estadounidenses. Sin embargo, al mantenerse dentro del aparato de poder, su detención requeriría un escenario completamente distinto.
Según el funcionario, la prioridad fue detener a quien “decía ser presidente de un país que no lo era”. Rubio subrayó que Maduro no era reconocido como jefe de Estado legítimo por Estados Unidos, la Unión Europea ni por decenas de países, y que su arresto se produjo en calidad de acusado por delitos de narcotráfico, no como mandatario en ejercicio.
Las declaraciones se producen en medio de una creciente presión de la Casa Blanca tras la detención de Maduro y Flores, quienes permanecen bajo custodia en Nueva York. En ese contexto, el presidente Donald Trump advirtió que otros dirigentes venezolanos podrían enfrentar consecuencias si no colaboran con el proceso de transición promovido por Washington.
Trump afirmó que Estados Unidos mantendrá su influencia sobre Venezuela “el tiempo que sea necesario” y defendió la idea de una reconstrucción del país, negando paralelismos con la invasión de Irak en 2003. Mientras tanto, la operación contra Maduro continúa generando repercusiones políticas y abre un nuevo capítulo en la crisis venezolana.
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