El presidente de Estados Unidos Donald Trump volvió a insistir en su postura crítica hacia Cuba, calificando al país caribeño como un “Estado fallido” durante un encuentro con periodistas en su residencia de Mar‑a‑Lago. Según el mandatario, esta situación se ha prolongado por décadas, pero ahora, aseguró, la Isla “ya no tiene quién la sostenga”, refiriéndose a la pérdida de apoyos internacionales que mantienen al régimen cubano en pie.
Trump detalló que su gobierno está en contacto directo con “las más altas figuras” de Cuba para evaluar los próximos pasos de la política estadounidense hacia la nación caribeña. Aunque no ofreció nombres específicos, el objetivo, según él, es determinar la dirección de futuras medidas políticas y económicas, reforzando la presión sobre el gobierno de Miguel Díaz‑Canel.
En sus declaraciones, el presidente subrayó su apoyo a la comunidad cubanoamericana, destacando que muchos han sido “tratados horriblemente por el régimen comunista” y que su intención es garantizar que puedan regresar y reunirse con sus familias, muchas de las cuales no han visto en décadas. Esta narrativa refuerza la política de Washington de vincular la asistencia humanitaria y el apoyo político a los principios democráticos y los derechos humanos en Cuba.
Trump también hizo hincapié en la crisis humanitaria sin precedentes que atraviesa Cuba, citando escasez de alimentos, medicamentos y energía como signos del colapso del sistema político y económico cubano. En su opinión, la situación evidencia el fracaso del modelo socialista y justifica las recientes medidas adoptadas por su administración, incluyendo sanciones económicas más severas y restricciones sobre el suministro de petróleo, proveniente de aliados como México y Venezuela.
Analistas políticos en Washington interpretan las declaraciones de Trump como parte de una estrategia de presión para forzar una transición política supervisada por Estados Unidos, combinando medidas económicas, diplomáticas y de comunicación estratégica. En este contexto, los contactos con figuras clave del régimen cubano podrían sentar las bases para negociaciones futuras o, al menos, obtener información crítica sobre la estabilidad interna del país.
El endurecimiento de la política estadounidense hacia Cuba coincide con otras acciones de la administración, como la declaración de emergencia nacional, justificando la intervención en la seguridad hemisférica frente a lo que se percibe como amenazas por parte del régimen cubano. La combinación de sanciones, presión diplomática y diálogo selectivo con actores internos refleja una estrategia de máxima presión que busca tanto proteger los intereses estadounidenses como apoyar los reclamos de la sociedad civil en Cuba.
Las recientes declaraciones de Trump subrayan su intención de mantener una postura firme frente a Cuba, proyectando un mensaje claro sobre la política de Estados Unidos hacia La Habana y reforzando su estrategia de presión multilateral en la región.
Fuentes: AFP / France24
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