En una fría noche de Santiago de Cuba, un grupo de voluntarios se organizó para brindar calor y compañía a personas en situación de calle, llevando abrigos, mantas y chocolate caliente a quienes enfrentan la dureza de las bajas temperaturas sin un techo donde resguardarse. La iniciativa, impulsada por la comunidad católica Sant’Egido y compartida en redes por Alberto Arego, refleja un compromiso con la dignidad humana y la atención a los más vulnerables de la sociedad.
Durante la jornada, los voluntarios recorrieron calles, portales y terminales de la ciudad, acercándose a hombres y mujeres que a diario enfrentan la soledad y el frío. “El frío atípico de esta noche nos hizo preguntarnos cómo pasarán estas personas los momentos más difíciles”, comentó Arego, destacando que la acción no solo busca brindar abrigo físico, sino también mostrar que estas vidas son recordadas y valoradas. La entrega de chocolate caliente y ropa se acompañó de palabras de aliento y respeto, un gesto que para muchos de los beneficiados representó un recordatorio de que no están solos.
Los destinatarios de esta ayuda recibieron no solo abrigos, sino también atención y escucha. Algunos agradecieron con palabras sencillas pero llenas de emoción: “Gracias a Dios por no olvidarse de nosotros”, dijeron varios, mostrando cómo pequeños gestos pueden tocar profundamente la vida de quienes viven en circunstancias de vulnerabilidad. Para los voluntarios, cada sonrisa y cada mirada de gratitud fue un recordatorio de la importancia de la solidaridad activa.
Este tipo de iniciativas son un reflejo de valores universales de empatía y servicio: “Estamos llamados a ser la mano que sostiene y la presencia que acompaña, siguiendo el mensaje de ayuda mutua que nos enseña la fe”. La labor se convierte así en un puente entre la comunidad y aquellos que más necesitan apoyo, demostrando que la compasión y la acción concreta pueden marcar la diferencia en la vida de alguien.
Más allá del abrigo físico, esta jornada fue un ejemplo de cómo la humanidad se expresa en gestos simples y desinteresados, un recordatorio de que incluso en la oscuridad y la indiferencia del mundo, la solidaridad puede brillar. La iniciativa de Sant’Egido y la visibilidad que le dio Arégo sirven como inspiración para que otros se sumen a la causa de ayudar a quienes carecen de lo más básico y hacer sentir que, incluso en los momentos difíciles, no están olvidados.
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