En un país sumido en la descomposición estructural, los fallecimientos que ocurren en Cuba parecen quedar relegadas al olvido. “He estado pensando en las muertes silentes”, reflexiona el sacerdote Alberto Reyes Pías, quien denuncia la sistemática invisibilización de las muertes provocadas por la falta de acceso a atención médica y condiciones de vida dignas.
Las tragedias diarias en la Isla, como los derrumbes de edificios y los accidentes de tránsito, no hacen ruido. Esas muertes, tan comunes como invisibles, se suman a la creciente lista de personas fallecidas por enfermedades que se podrían haber prevenido o tratado con medicación básica, pero que nunca llegaron.
"Aquí y allá escuchamos que tal o cual vecino o familiar murió ‘de una subida de tensión’, ‘de una descompensación diabética’", escribe Reyes Pías. La falta de recursos en los hospitales y la escasez de medicamentos, la precariedad del sistema sanitario y la infraestructura en ruinas contribuyen a un genocidio silencioso que no es noticia.
En este contexto, el clérigo también subraya el aumento de enfermedades como el dengue, la tuberculosis, la lepra y la hepatitis, que siguen cobrando vidas sin que se tomen medidas efectivas.
“Es ridículo que en pleno siglo XXI esto siga siendo un problema”, lamenta Reyes Pías. En su crítica, el autor denuncia no solo la indiferencia ante la muerte de los ciudadanos cubanos, sino la creciente criminalización de los presos políticos, quienes sufren no solo la represión, sino también la negligencia médica.
Las muertes siguen su curso, calladas, sin eco. Para el sacerdote Alberto Reyes Pías, esto es parte de un genocidio silencioso, un proceso de deshumanización que no solo afecta a los más vulnerables, sino que también golpea a aquellos que se oponen al régimen.
Las víctimas son borradas de la memoria pública, como si su dolor no mereciera atención. Reyes Pías observa cómo los cubanos mueren, pero la narrativa oficial no deja espacio para los sufrimientos que acontecen a diario.
"Morimos, somos un pueblo que muere", dice, y menciona cómo las vidas de los ciudadanos son escamoteadas en la narrativa del poder, al ser etiquetadas con diagnósticos genéricos como subida de tensión´ o ´descompensación diabética´. Mientras tanto, enfermedades prevenibles y curables como el dengue, la tuberculosis y la hepatitis siguen cobrando víctimas, pero no se habla de ello.
El autor también denuncia las muertes en el contexto del Servicio Militar Obligatorio, las cuales se ocultan tras el silencio del régimen. Los jóvenes en el servicio militar se ven atrapados en condiciones de trabajo extremas, y los suicidios y accidentes se multiplican sin que haya un mínimo reconocimiento de la crisis que se vive.
A través de este desgarrador análisis, Reyes Pías no solo nos invita a reconocer las muertes, sino también a exigir justicia. “Tal vez por eso, nos toque a nosotros, sociedad civil, hacer ver a todos los rostros de los muertos”.
En un país donde la muerte se esconde, la sociedad civil debe levantar la voz para hacer visibles las vidas que se apagan en la indiferencia.